Travesía Cultural | recordación

Domingo Zerpa

Hoy, 20 de mayo, Domingo Zerpa partió al otro cielo. También recordamos el natalicio de su esposa, Dora Blanca Tregini.

 

 

Ambos nacieron el mismo año, 1909. Domingo, en el norte, en Abra Pampa, Jujuy: Dora, en el sur, Santa Fe. Él era moreno, ella rubia de ojos celestes. Diferentes contextos. Una misma pasión: las letras. Se amaban.

Domingo Zerpa sabía acompañarnos a los encuentros de escritores y gozar de ellos y de la amistad. Nos gustaba escuchar sus recitados con voz sonora y vibrante. Una mano aferraba el micrófono, la otra, un cigarrillo. Y su mirada, en la lejanía, y su corazón en la poesía.

Recuerdo una entrevista que le hice días antes de que muriera en su casa de San Pablo de Reyes, rodeado de sus flores. Me recibió su esposa.

Transcribo un fragmento de la entrevista:

¿Don Domingo, cuál fue su tiempo más hermoso?

- Allá, por los cuarenta, cuando estaba recién casado y vivía en Bs. As. Me la conseguí allá, por el sur -dice sonriendo picarescamente y observando a su mujer, Dora Tregini, blanca rubia, de ojos celestes, también poeta _ Y eso que vivíamos un poco separados porque durante la semana ella trabajaba en Ramos Mejía y yo daba clase en Chivilcoy, Allí también conocí a escritores como Julio Cortázar, mi compañero en la Escuela Normal y en el Colegio Nacional donde dictábamos clases de literatura .

El silbido de algún pájaro acompaña su recuerdo, su sonrisa.

 

-¿Ya escribía en Abra Pampa?

-Sí, algunas coplas, imitando a la gente que cantaba con la caja. Pero yo he nacido más allá de Abra Pampa, a unos diez kilómétros camino a la Quiaca, en Runtuyo. Entonces estaban terminando las líneas del ferrocarril, es decir las vías, el terraplén, las alcantarillas. Yo me crié en contacto con la gente que trabajaba en la línea férrea.

 

- Ud. está considerado como el primer poeta jujeño que ha trascendido al conocimiento general de la literatura de Jujuy. ¿Se siente así?

-  Puede ser..., tuve mucha suerte en ese sentido, porque no he elegido la vena corriente de los poetas de Jujuy, he inaugurado, diríamos, la poesía regional, campesina, con la terminología de la puna jujeña. Lo hice de manera deliberada. En la época en que yo era estudiante del Colegio. Nacional, el poeta más conocido, era el humahuaqueño Medrano Rosso, que también tocaba la manera regional y don Jorge Villafañe, prof. del Colegio Nacional, poesía culta, ya que él había vivido en Bs. As.

Ese puede ser humilde, me hace sonreír, me habla de la sencillez de los grandes, recuerdo las siete ediciones de Puya-Puya, la última de cinco mil ejemplares, y del total de su producción.

Pienso en la evolución de su poética. El lenguaje transparente de sus primeros libros en donde describe el paisaje puneño, al hombre del norte con sus costumbres, con sus objetos y relaciones humanas, se universaliza líricamente  para hablar hasta del Che Guevara y del símbolo que representa. Su bagaje cultural se hace nítido a través de la lectura de su obra, pero fundamentalmente aparece su comprensión humana, esa comprensión que se refleja en la ternura de su mirada, en su cálida palabra.

En su libro "Ala de rosa y alba de cereza”; hay un nuevo lirismo, en sus poemas se proyecta un suave erotismo, son doce poemas que señalan una nueva lírica por la contención del pensamiento, por el uso estético del soneto.

Avanza la tarde. Hablamos de la poesía. Dora Tregini, su compañera de toda la vida, nos lee algún poema. Don Domingo, sonríe nostálgico. Compartimos un café oloroso a poesía. Sin darnos cuenta llega el crepúsculo. Hemos gozado con la compañía, con la palabra que produce encuentros. Me despido con el regalo de sus libros, “Para Susana Quiroga con el fervor de un auténtico puneño” reza la dedicatoria redactada de un 7 de mayo, en San Pablo de Reyes. Prometo regresar con la grabación de la audición de radio  en la que hablaremos de su poesía con profesoras que investigan su escritura, su mundo poético.

- La esperaré _ me dice con cordialidad, con esa misma cordialidad con que compartimos una tarde otoñal y bella.

Pero no me dio tiempo. Trece días después, en la mañana del 20 de mayo, partía para mi sorpresa y el dolor de todos los que lo admirábamos.

 

Se fue “como muere en la alborada / el cáliz de la flor”.

Nos dejó el perfume de su poesía, la calidez de su personalidad, la melodía de su voz.                                                                     

Susana Quiroga

 

POEMA DE DOMINGO ZERPA

 

JUJEÑITA

Abajeña linda,
carita rosada,
mujer de las melgas,
paloma del Zapla.

batita celeste,
sombrerito ‘i paja,
pañuelo de seda,
zarcillos de plata.

Un día de ferias,
bailando en las carpas,
me miraste tanto
después de una zamba,

que desde esa tarde,
jujeñita guapa,
pa mi no pasaron
las ferias de Pascua.

Por eso me’i güelto
con ochenta cargas
a cambiar tus ojos
por lo que quisiera
dármelos tu tata.

Traigo en mis burritos
mil kilos de lana,
cuarenta picotes
y un almud de grasa,

barracanes finos,
chalonas y papas,
sombreros alones
de purita alpaca.

Pero por si acaso
no afloje tu mama,
le traigo dos onzas
de pepitas de oro
de la Rinconada.

Y si con todo esto
todavía se trancan,
tengo un macho zaino
de correr guanacos
pa echarte a las ancas.

Abajeña linda,
carita rosada
como las arenas
que amontona el huaira.

Mujer de las melgas,
paloma del Zapla,
te ofrezco mi pecho
como un oratorio
llenito de guaicas.

Te ofrezco mi tierra
con sus llanos anchos
y sus peñas largas,
mis cerros azules
cubiertos de puyas,
perfumaos con salvias.

Te ofrezco mi choza
guaillada con iros,
pircada con champas;
te doy, como a nadie,
los blancos corderos
del corral de mi alma.

Vamos, jujeñita,
que ya tengo lista
la yegua ensillada;
vendremos cada año,
pa cuando haiga ferias,
con muchas petacas.

Y entonces, bailando
de nuevo una zamba,
las mozas solteras
que se te reían
lloraran de rabia.

Vamos, jujeñita,
ramito de albahaca,
mi magre te espera:
la Puna callada,.

la Puna tristona,
desnuda, lejana,
que esta en las alturas
como nuestra Virgen
de la Candelaria.

Abajeña linda,
carita rosada.
Mujer de las melgas,
paloma del Zapla,

un día, en las ferias,
bailando una zamba,
se quedo mi vida
de tras de tus ojos
cercaos de pestañas.

 

De PUYA –PUYA, sexta edición, 1996.

 

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