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Diego Poggi de novio con un jujeño: "Me imagino de viejo con él"

El odio que recibe del colectivo gay K. Por qué le dicen anti trolo y anti puto en Twitter. El día que decidió dejar de trabajar en un noticiero. De novio, cómo hace para mantener una relación a distancia. Muchas veces quiso irse del país, ¿por qué no se fue? El antes y el después del deseo de tener hijos.

Definir el trabajo de Diego Poggi es complicado. ¿Es periodista? No, él dice rotundamente que no. ¿Es influencer? Mmm… no lo convence. Productor? Puede ser que acepte. ¿Especialista en tecnología?

— Ni yo sé qué quiero ser. Así que está buenísimo que también dudes. Por estar en un canal de noticias mucho tiempo la gente piensa que soy periodista, pero a mí me gustaba presentar noticias. A mí siempre me gustó conducir. Ahora se usa “host”, en inglés, y abarca un montón de cosas. ¿Te gusta o no te gusta?

— También podría definirte “el pibe que come todos los días comida chatarra’'. ¿Seguís comiendo hamburguesas y papas fritas sin parar?

— Sigo así, un poco calmado porque después de los 35 pasan cosas en el cuerpo, en los análisis, hay que cuidarse. Pero sí, me gusta mucho comer cualquier cosa que no sean verduras y frutas. No sé hasta dónde voy a llegar. En un momento fui adicto. Hubo una pelea enorme con las papas fritas y con las hamburguesas. Comía cinco veces por semana, era un montón. Y gracias a Dios no se notaba. Ahora trato de comer menos cantidad y de meter un poco de frutas y verduras. Es algo que estoy hablando con el psicólogo (risas).

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— Con el psicólogo y no con un nutricionista.

— Porque está complicado. Siempre fui muy consentido, toda mi vida. Mi vieja siempre me preguntó qué quería comer y…

— Siempre dijiste: papas fritas.

— Y sí, milanesas. Ay, que rico una tortillita. Este año por primera vez me vino el colesterol un poco alto. Pero es lógico con lo mal que como.

EL MUNDIAL Y GRAN HERMANO NOS VINIERON A SALVAR.

Curiosamente, para Diego Poggi, el martes es mucho peor que el lunes. Lo dice todo el tiempo. Todos los martes lo escribe en Twitter.

— Hace mucho tiempo. Porque ya arrancó la semana María Laura. Yo no puedo más. Fin de año estamos todos iguales, estamos todos cansados. Menos mal que el Mundial y Gran Hermano nos vinieron a salvar este fin de año porque sino no llegamos a ningún lado. La gente siempre se re copó con el martes peor que el lunes. Lo digo hace un montón de tiempo.

— Además contás cuántos días faltan para que llegue Navidad y cuántos para llegar a fin de año.

— Soy muy ansioso. Y me encanta que más personas se sumen a mi ansiedad, para no sentirme solo (risas).

— ¿Qué suponés que te espera a fin de año?

— Siento que es como cuando ibas al colegio, el cierre del ciclo lectivo.

— Termina el año y se viene algo buenísimo?

— Es que en enero, febrero, la gente se va de vacaciones y yo me quedo acá laburando. No hay nada que me guste más que la ciudad vacía, que el silencio de las calles. Enero y febrero en la ciudad. Está buenísimo.

ME DIVIERTE VER GENTE ENCERRADA. SIEMPRE ESTOY MIRANDO.

— Este año además, estás en Gran Hermano. ¿Lo ves fuera del horario de trabajo?

— Sí, lo veo fuera del horario. Me divierte, uno se ve reflejado en algunos participantes y sobre otros decís: no puedo creer que estén haciendo estas cosas. Está para casi un análisis sociológico y psicológico de cada uno de los participantes. Me divierte ver gente encerrada. Después de mi laburo viendo con la gente en vivo la casa en YouTube y en Twitch, me quedo hasta las tres, cuatro de la mañana. Y a la tarde también. Y a la mañana me levanto a ver qué pasó. Siempre estoy mirando. Me entusiasma mucho que la gente esté encerrada en una casa, ver cómo reaccionan. Es un hermoso experimento.

— ¿Lo harías?

— Estás muy expuesto. Creo que después, a la hora de entablar una relación con alguien o pedir laburo, ya sabrían cómo sos. La esencia de la gente está ahí, no la podés ocultar. Entonces si sos medio sorete o lo que sea, se dan cuenta todos. Es muy difícil volver de ahí.

— Pero estarías jugando.

— Estás jugando, sí, pero te está viendo mucha gente. Muchos millones de personas al mismo tiempo. Es un montón. Dos, tres días voy (risas). Yo estuve en algún que otro momento súper expuesto por alguna situación y no me gustó. Así que…

— Estuviste expuesto porque pusiste un tweet en que asumías que sos gay.

— Sí, lo puse. Pero no lo pensé, soy súper impulsivo. Súper impulsivo. Sé que también ayudaba a mucha gente ese tweet, se habló del tema en un montón de lugares, de casas, después la gente me escribía. Fueron un par de cachetazos. Dolió, molestó. Pero ahora está todo súper bien.

SOY UNA PERSONA MÁS ADULTA QUE ESTE CUERPO.

— ¿Te arrepentís del tweet? No te gustó lo que vino después.

— No, vos me conoces, soy súper privado con mi vida. Nunca me vas a ver bailando en boliches, de joda. Soy como una persona más adulta en este cuerpo y sí, es una puerta que uno abre y después no puede cerrar.

— Te van a preguntar toda la vida cómo es hoy la relación con tu papá, que se enteró que sos gay por Twitter y reaccionó muy mal.

— Por suerte con mi viejo está todo súper bien gracias a Dios. Mi viejo es lo más. Mi mamá es lo más. Mi hermano también. Mi abuela, mi tía. Somos muy poquitos. Y siempre está todo súper bien. Hay que hablar las cosas. A veces hay hijos que tienen Twitter y que publican cosas, hay que tener un poco de cuidado.

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NO HAY QUE TIRAR MÁS MIERDA EN TWITTER. HAY GENTE QUE NO TIENE PARA COMER.

— En Twitter cambiaste. Antes escribías tus opiniones políticas y dejaste de hacerlo. ¿Por qué?

— ¿Sabés por qué? Porque empecé a ver a un compañero de laburo que quiero un montón y que está todo el tiempo despotricando o bardeando y me di cuenta que quizás ese no es el camino. No hay que tirar más mierda. Estamos en un momento donde estamos cansados, estamos decepcionados, estamos pobres. Hay gente que no tiene para comer. Nosotros tenemos mucha suerte. Y la gente que tenemos cerca también tiene suerte. Pero hay mucha gente que no la está pasando bien, eso a mí me empezó a angustiar y no quería seguir tirando mierda, porque tirar un tweet no sirve para nada. Es el CEAMSE, es un basurero Twitter.

NO ME GUSTA EL GOBIERNO DE CRISTINA Y ALBERTO. HAY QUE DECIRLO. NO HAY QUE TENER MIEDO.

— ¿Pero vos llamas tirar mierda a estar en contra del gobierno?

— No, yo tengo una postura, desde el primer día hasta el último siempre opiné igual. No es que fui cambiando. No me gusta el gobierno de Cristina y de Alberto, o de Alberto y Cristina, pero siento que estamos mal en serio y que…

— ¿Y que no hay que decirlo más?

— No, hay que decirlo, no hay que tener miedo. No es que yo me callé o alguien me calló. Nada que ver. Estoy un poco más tranquilo porque me hacía mal a mi salud. Me iba a dormir mal. Si vos lo escribís te responde un montón de gente, se agranda, más quilombo, te putea. Hay gente que es de verdad, hay gente que es de mentira, hay bots. Entonces me tranquilicé un poco porque no vamos a ningún lado.

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FUI AL CANAL, A UNA ABUELA LE HABÍAN MATADO AL NIETO. NO QUISE LABURAR MÁS EN UN NOTICIERO.

— ¿Qué hiciste con la necesidad de expresión de tu opinión política?

— Me fui de TN e hice un duelo. Estuve cinco años en TN y antes había estado dos años y medio en C5N. Justo hubo ahí un cambio y me pude ir. Siempre ahí como escapándome de los barcos que están en altamar. Y cuando me fui de TN dejé de mirar los noticieros. Hice un détox, hasta te diría de la tele. No prendía la tele. No quería ver noticias. Estuvimos dos años laburando un montón con la pandemia. Yo explicaba cómo armar barbijos, cómo lavar las frutas. Todo el mundo necesitaba información. Y me agotó. Le puse mucha buena onda durante dos años y tuve que parar porque me estaba haciendo mal. Creo que era un 2 de enero, estaba sensibilizado por las fiestas, fui a laburar al canal, a una abuela le habían matado al nieto. Y dije: yo no quiero trabajar más acá. No quiero escuchar más estas noticias. Quiero elegir si prendo la tele o no. Si abro un portal o no. Ahora me informo, pero elijo cuándo. Y me di cuenta que no quería laburar más en un noticiero. Cuando me fui del canal me llamaron de dos canales de noticias, tres, no iba a ser feliz. A veces tiro tweets, pero no la misma cantidad. Estoy más tranquilo. El otro día tiré uno, se armó un quilombo bárbaro.

— ¿Qué pasó? ¿Qué dijiste?

— Recital de Coldplay. Fui con el auto, me paran dos trapitos para pedirme plata, les doy, me dicen ah, vos sos famoso. “Tarifa famoso” me pusieron (risas), les di un poco más, así lo cuidaban. Y cuando me estoy yendo a la cancha de River escucho que el trapito le dice al policía: tomá, para vos la mitad. Se lo dijo delante de mi cara al policía. Vuelvo, y encima me roban la rueda de auxilio. Lo twitteé. Se armó un quilombo bárbaro. Yo a veces no me doy cuenta, medio palo de seguidores en Twitter es un montón. Me escribió gente de la policía, gente del gobierno, dos medios para hacerme nota. O sea no quiero hablar con nadie. No tengo tiempo. Pongo cualquier cosa y explota. No estamos para tirar tanta mierda, pero el año que viene vamos a ver qué pasa (risas). Preparate para el año que viene. Estoy guardando un par de tweets. Hay que construir y no destruir.

A VECES UNO TIENE GANAS DE OPINAR Y SE TE VAN LOS DEDOS.

— Yo pensé que tenías alguna presión para borrar los tweets.

— Me hicieron borrar tweets. Hace mucho tiempo. Una empresa.

— ¿Y lo borraste?

— Sí, era chico. Me citaron a una mesa muy larga y me hicieron borrar tweets. Incluso los tenían impresos a color, cuatro o cinco hojas, me las desplegaron así y me dijeron “vas a borrar este y vas a borrar este. Yo no entendía nada. Era muy pendejo. Si ahora me lo dicen los re mando a cagar. Pero a veces se te van los dedos, uno tiene ganas de opinar. A veces digo, me armo otra cuenta de 50 seguidores, 100 seguidores.

— ¿Con otro nombre?

— Sí. Pero no tiene sentido, porque tengo ganas de opinar con mi nombre y no escondido. A veces me dan ganas… (risas). Que se queden los que se quieran quedar. Que se vayan los que se quieran ir.

— ¿Tus amigos piensan políticamente o tenés amigos del otro lado?

— No, tengo amigos de todas las aristas habidas y por haber. Gente que sigue a Milei. Gente a la que le gusta Cristina. Amigos que les guste Macri no tengo prácticamente (risas). O no me lo dicen. Pero sí, son anti kirchneristas. Somos un mix. Tengo mis amigos del colegio, fui al mismo colegio de jardín hasta 5to año. Somos hace mucho tiempo los mismos y nos conocemos.

— ¿Es un tema tabú la política?

— A veces sí, cuando nos estamos yendo de mambo o sube el nivel de la discusión bajamos el disyuntor, hasta acá llegó. Siempre un postre o un cafecito calma la situación. Me da mucha lástima la gente que se pelea por política. Me ha pasado, con una o dos personas, dejé de hablar con ellas porque ni siquiera había una situación de escucha: “esto es así y así está bien”. El fanatismo.

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SOY BLANCO O NEGRO. SOY EXTREMISTA

— Algunos políticos generan opiniones extremas. Cristina. Están las personas que la adoran y los que la detestan.

— Yo soy así en la vida también, blanco o negro, sí o no. Soy extremista. Lo único gris que tengo es la campera, que también tiene unas cositas negras y unas cositas blancas.

— ¿En qué sos extremista?

— En todo. Soy impulsivo, siempre soy de ir por un camino o por el otro. No veo si hay un medio. Soy bardero a veces. Con todo.

— ¿Los años no te cambian?

— No. Es peor. (Risas). Hice un cambio en un montón de cosas que he expresado hace un par de años y ahora me doy cuenta que no son así.

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SI TODO ES UNA OLLA A PRESIÓN TAPADA, EN ALGÚN MOMENTO VA A EXPLOTAR.

— ¿En qué cambiaste?

— Estoy mucho más empático con todo lo que me rodea, con la gente, con cosas que pasan en la calle, en el día a día. Estoy muy zen, estoy con mucha menos violencia. Porque no vamos a ningún lado si todos nos calentamos, si todo es una olla a presión tapada, en algún momento va a explotar. Estoy mucho más calmado en un montón de sentidos. No lo puedo creer (risas).

— ¿Tenés amigas mujeres? Amigas del alma digo, hablaste de la banda de amigos y eran todos varones.

— Tengo un montón. ¿Debería decir amigues ahora? Son amigos y hay también mujeres.

— No te veo diciendo amigues.

— No, me cuesta un montón el inclusivo. No me molesta para nada, al contrario, cómo me va a molestar. Muchas veces siendo gay me decían que era anti trolo, anti puto, que odiaba.

LOS PIBES Y LAS PIBAS GAYS KIRCHNERISTAS ME ODIAN.

— ¿Por qué?

— A mí los pibes o pibas gays kirchneristas me odian. En Twitter me manda un montón de mensajes el colectivo gay K. No sé por qué.

— ¿Porque vos no sos K?

— Claro. El único odio que recibo en mi Twitter es de pibes gays o pibas gays.

— K.

— Sí. Siempre. No sé si son bots. No sé si es gente real. Alguno real debe ser. Pero sí, siempre el odio vino de esa parte. A mí me parece amigo, que nos tenemos que bancar entre todos ¿no?

— ¿Y por qué te ven o te veían anti gay?

— Capaz por algún comentario que yo también habría hecho anti Cristina. Y, porque quizás soy un poco más masculino y a alguno le molesta.

— ¿Qué sería ser masculino?

— Tener barba. No sé. Siempre el odio vino de esa parte.

ESTÁ LLENO DE GENTE GARCA, QUE MALTRATA PSICOLÓGICAMENTE.

— ¿Cómo te manejás en los trabajos cuando hay gente que no es buena?

— Ah, está lleno. Está lleno. Está lleno de gente soreta. Está lleno de gente garca, gente que maltrata psicológicamente a otras personas. Para mí no hay que engancharse. Es difícil igual.

— Cualquier cosa, te vas.

— Sí. A mí me gusta irme de los lugares. Me gusta quedarme un montón de tiempo. Soy larguero en mis relaciones y en mis trabajos.

— En las nuevas plataformas por streaming que escucha la gente más joven se lleva hablar en primera persona. A vos no te gusta hablar de vos.

— Me quedo del noti, me decían que no fuera autorreferencial. Siento que es mucho más divertido escuchar a un oyente que escucharme a mí. Yo acompaño, manejo, te doy entrada.

— Se lleva contar todo ahora. Cómo fue que tuvieron sexo el día anterior por ejemplo.

— No soporto los programas de radio y televisión que hablan todos al mismo tiempo. Me molesta mucho que la gente no se escuche. Puteo, digo boludo, tienen un invitado, déjenlo hablar.

— Tenés 35 pero pareces de 60.

— He vivido un montón de cosas. Pero prefiero escuchar al otro. Dos orejas, mira las orejas que tengo. Dos orejas, una boca. Ahí hay una ecuación, escuchamos más de lo que hablamos.

— ¿Te daría cosa hablar de sexo por radio?

— No, hablo. Ahora me relajé un poco más y a veces hago algún comentario. Hay gente que cuenta por contar. A mí me gusta ser un poco más privado, me gusta que eso esté en mi intimidad. Sino, sabemos todo.

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ESTOY DE NOVIO. ME IMAGINO DE VIEJO CON ÉL.

— ¿Novio?

— Estoy de novio. Desde marzo.

— ¿Qué podemos contar?

— (Risas). Que estoy muy contento. Una relación súper sana. Estamos a distancia. Jamás pensé en mi vida tener una relación a distancia.

— ¿Qué es “a distancia”?

— Jujuy. Dos horas. Lo que tardas el fin de semana de Palermo a Pilar cuando está congestionada la Panamericana.

— Dos horas de avión más el pre embarque, llegar, más agarrar la valija. Cinco horas.

— No. Vas sin valija. Carry on. Y llegas media hora antes. Me encanta. Pero me parece un alto plan.

— ¿Cada cuánto se ven?

— Cada quince días. Va, voy, vengo. Me encanta Jujuy desde antes. Y él también me encanta así que está buenísimo.

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— ¿Cómo es? ¿Más grande, más chico?

— Un poquito más grande. Estás sacando todo, te odio.

— ¿Dónde se conocieron?

— Hace nueve años hablábamos por Facebook Messenger. Vivió acá.

— Por redes.

— Sí. Empezamos a hablar de nuevo. Cayó acá, tenía un cumpleaños. Nos vimos y no nos separamos. Estamos ahí juntos. Me da una paz ir a Jujuy… y él. Me baja un montón del quilombo que hay acá. Y él a veces viene un poco en busca de un poco de quilombo acá. Está muy bueno tener una relación a distancia. En otras relaciones me pasaba que te ves todos los días, te ves porque sí y no tenés momentos de calidad.

— ¿Cómo es ahora cuando se ven?

— Tiro el celular a la mierda y estamos 72 horas. Es un intensivo. Hablamos por teléfono todos los días, todo el tiempo. Y creo que es la relación que siempre quise tener. Y la otra vez le dije que me imagino estando de viejo con él. Sí. Porque una paz tiene que es envidiable.

— Él.

— Sí. No, yo no, yo soy un quilombo. Nachito. Te conté todo.

— ¿Qué contestó a eso de que te imaginás de viejo con él? Es fuerte.

— Se lo dije la segunda vez que nos vimos mientras estábamos comiendo. No le cayó bien la comida.

— Es un montón.

— Es un montón pero me dijo que era mutuo y eso a los dos nos dejó tranquilos. Es raro verse a distancia. Tenés que estar muy seguro de vos. Seguro de la otra persona. Yo sé que no me va a cagar, yo tampoco lo cago.

— ¿Te casarías?

— Uf. Sí, alguna vez hay que casarse. Creo que sí. Para hacer una fiestita, una jodita. Para que estén las familias. Para comer rico. Es un quilombo organizarlo. Prefiero gastar esa guita viajando.

— ¿Hijos?

— Antes de la pandemia… Creo que lo dividí ahí. Me hubiese gustado ser padre en algún momento de mi vida. Hoy te digo que no. Traer a un pibe a este mundo horrible. Hay un montón de niños, niñas, niñes que están solos, o adoptar quizás sea una buena opción. Me gustan los pibes. Es complicado, no sucede tener un hijo de una manera muy habitual.

— Sí claro, tenés que subrogar un vientre, a vos no te gusta.

— No, no, no. Prefiero salvarme la vida a mí y salvarle la vida a alguien de otra manera.

— ¿Tener un hijo con una amiga?

— Esa podría ser una opción. Alguna que otra vez con alguna amiga lo he hablado. Si llegamos a tantos años y ninguno de los dos está en pareja, vamos.

— Sabía que querías ser padre.

— Es que me veo muy paternal en un montón de cosas. La psicóloga una vez me dijo: basta de cuidar gente, tené un hijo, riéndonos de la situación. Y me encantaría. No sé si hoy. Salen muy caros (risas). No es una joda tener un pibe, mucha gente lo hace por un acto egoísta o casi sin pensar.

— ¿Cuál era el mandato en tu casa?

— Quizás caer con un nietito. Mi vieja siempre me dice: yo quería un nieto. Lo va a tener por mi hermano, me imagino.

— Mostrás tu departamento en las redes, cómo lo vas redecorando y ponés plantas, plantas, plantas y plantas.

— Fui adicto a las hamburguesas y a las plantas. En la pandemia me agarró una locura, llegué a tener 76 plantas. Sabía perfectamente cuál era cada una. Estoy mucho más tranquilo. Regalé un montón.

— ¿Por qué las regalaste?

— Porque no tenía espacio ya (risas). Tenía una terraza que era el 60% plantas y 40% para tirarse a tomar sol o lo que sea.

— ¿Quedaron plantas en tu cuarto?

— Tengo plantas en el cuarto, en todos lados de mi casa. En el baño, gran lugar para dejar plantas por la humedad. Estuvimos tan encerrados en el 2020 que no quería ver la pared. Estar en una mini jungla, en un mini invernadero, iglú o como se llame. Me hizo bien. Pero después me di cuenta que era una adicción y decidí que las plantas fueran a visitar a otras familias.

— Que tengan otros padres, que crezcan en otros lados.

— Sí, soy padre de plantas.

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NO QUIERO QUE MI PAPÁ TRABAJE MÁS. QUIERO QUE DESCANSE.

— ¿Qué te hace llorar Diego? Estás siempre acelerado, muy energético.

— Me cuesta llorar, pero me largo a llorar. Me encantaría ayudar más a mi familia, pero se me complica. Creo que a muchos pibes de mi edad nos pasa lo mismo. Yo no quiero que mi papá trabaje más. Quiero que mi papá descanse. Quiero que mi mamá descanse. Y se están rompiendo el lomo todo el tiempo, trabajaron toda su vida y la guita no alcanza. Eso a veces me angustia.

— ¿No tener plata para que ellos dejen de trabajar?

— Sí, me encantaría tener toda la guita o unas… Pero también lo hablé con la psicóloga y sé que no soy el salvador, no tengo que ponerme en ese lugar.

— ¿Qué hace tu mamá?

— Mi mamá tiene un comercio de regalos para mujeres, bijouterie, re lindo. Y mi papá es mecánico. Tienen 70 y 65.

— Podrían no estar trabajando entonces.

— Sí, o trabajando un poco menos. Mi papá está grande. Hace casi seis años casi se muere. Vos lo ves y hoy está perfecto, pero eso no lo olvido más. Entonces yo no tengo ganas de que trabajen, porque se van a jubilar con la mínima y no les alcanza. Aportaron toda su vida y no les alcanza para nada. Eso sí me angustia un montón. A veces también no poder tener una casa propia. Me la paso laburando, desde los 13 laburo.. Invertí en equipos, en cámaras, en drones, en tener un espacio, en computadoras. Pero digo, cómo cuesta. Cómo cuesta. Y si yo que tengo la posibilidad de trabajar en dos lugares, más todas las cosas que después tenemos gracias a las redes sociales, no me quiero imaginar a alguien que labura de nueve a seis de la tarde, o que estudia. Nos cuesta un montón todo. Pero viajé y compré cámaras que es lo que me gusta a mí. Me encantaría tener una productora en algún momento de mi vida. Darle laburo a gente. Para hacer publicidades, programas por streaming, siempre me gustó lo audiovisual un montón. Todos los chivos que hago en mi Instagram no los grabo con el celu, siempre estoy con la cámara, bajo el material, me compro luces, me armo y después los edito. Me gusta hacer todo yo. Ese es mi valor agregado: autogestionarme, producirme.

UN MONTÓN DE VECES ME QUISE IR DEL PAÍS

— ¿Alguna vez tuviste la fantasía de irte del país?

— Sí. Me pasó. Se fue mucha gente amiga y en mi intimidad, tengo ganas de llorar, me da un poco de angustia. Pero aplaudo a cada persona que pueda irse y que pueda cumplir sus sueños. Pero sí, un montón de veces me quise ir.

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LA ESCUCHO MUCHO A MI ABUELA, SIEMPRE ESTÁ UN PASO ADELANTE

— ¿Por qué te quedaste?

— Por mi familia. Por mi abuela. Mi abuela una vez me dijo: no te vayas. Me mató. Y hace poco le pregunté de nuevo: andate a la mierda me dijo, salvate (risas). La escucho mucho a mi abuela, la gran matriarca de mi familia. Mi abuela es espectacular. Es muy abierta, una persona grande, tiene casi 90 años. Es una genia. Siempre te sorprende. Siempre la redobla. Siempre es la persona más abierta de mi familia. Siempre mi abuela está un paso adelante. Viste, los abuelos son mágicos. Y me pone mal a veces pensar en que mi abuela no va a estar más. Eso sí también me angustia. Pero me pongo mal enseguida, al instante que lo digo.

— ¿Cómo se llama?

— Abuela Mary todo junto.

— ¿Te ve en la tele, sigue tu carrera?

— Sí, me escucha en la radio. Ve de un ojito solo y ve igual. Se pone su compu. Ve las novelas. Me mira a la noche en Twitch. Es una persona muy abierta a la tecnología. Yo siempre estuve muy cerca de la tecnología haciendo transmisiones, Instagram, Twitter, ella tiene Twitter y mira. Los abuelos siempre tienen ganas de aprender. Pero no hay que enojarse a la hora de explicarles. Hay un mundo ahí y está bueno que estén. Hay un montón de cosas que pueden ver, recetas, o cosas de la casa. Fútbol.

— ¿Qué tenés presente de tu abuela Mary cuando pensás en ella?

— Sus ganas siempre de ir para adelante. Le puede estar pasando lo peor, lo peor, siempre va para adelante. Es una re lección de vida porque hay otra gente que se derrumba. Hay otra gente que se esconde. Tuvo un par de palos, para tropezarse o para caer. Y es admirable con su edad que tenga ganas de seguir luchando, laburando o estar tan despierta. Absolutamente admirable. Me puse los aparatos el otro día en la boca, no me puedo quejar de esto. La veo a mi abuela que tiene un montón de quilombos, no se queja. A mi abuela no la vas a escuchar quejarse nunca.

— ¿Le decís todo lo que la querés?

— Sí. Soy muy de decirle a la gente que quiero que la quiero. Me chupa un huevo sí… Expresar mis sentimientos. Dije cosas que no quería decir de mi vida (risas).

— ¿Ahora?

— Sí, estamos bien. La bronca es que no duren para siempre. Una bronca no poder disfrutarlos. Los abuelos son todo. Es mi única abuela desde hace un montón de tiempo. Desde el 90 y pico que no tengo más abuelos. Siempre los extrañé y me hubiese gustado conocerlos más.

— Le dedicamos esta charla a la abuela Mary.

— A todos los abuelos.

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FUENTE: Infobae

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