Cuyaya-Lavalle, el clásico del fin de semana

Cuyaya-Lavalle, el "River-Boca" de los barrios, se viene en una nueva versión. Por eso, el clima de las barriadas tiene un sabor y un aroma especial.


Dos barrios divididos por la avenida Olavarría; dos historias barriales que tienen su encanto; dos estilos de vivir cada jornada; dos equipos con raigambre; dos hinchadas furiosas y bullangueras.

Estos partidos comienzan a jugarse desde que el fixture marca la fecha exacta, y se palpitan apenas comienza el lunes.

La semana no es un tanto fácil para los equipos que son los que tienen que lidiar con el microclima de los barrios. La mochila no sólo se llena con ilusiones, sino también con las presiones que en cualquier nivel futbolístico existen, por mas modesto sea el contexto de un clásico. ¡Vamos que hay que ganar! suena la arenga de aliento. ¡Vamos que si no ganan el domingo...!  Los puntos suspensivos se tornan bastante imperativos.

Cada cual se preparará como mejor pueda y los equipos estarán dispuestos a dejar todo por más que no se juegue bien, o que no salga un buen espectáculo.

El clásico en las tribunas es un partido aparte. Ahí es muy difícil que uno pierda. Pero la pasión es, como dice "el principito", esencial, que es lo invisible a los ojos. Los "bandeños" harán sentir la mística de "la torcida" de los años 80, cuando la tribuna de la calle Santíbañez se llenaba; como la parcialidad izquierda del lado de la platea techada, con la famosa tribuna de mujeres (vecinas y familiares de Cuyaya) Tiempos en donde quedaron inmortalizadas las "bombas del loco Baena", esas bombas que son el estrépito de cada tarde bandeña.

En frente, el barrio Mariano Moreno desplegará sus colores; la del manto sagrado que todos veneran, la banda roja (como la de River) como sugirió Guillermo Poma, ese caballero del deporte que también fuera técnico de Lavalle. Hasta Don Líbero Bravo andará haciendo fuerza por ahí, si es que no se esconde en algún lugar del estadio de incógnito.

Los tiempos pudieron pasar raudamente delante de nuestros ojos, pero cuándo uno piensa en un Cuyaya-Lavalle, es difícil olvidarse de sus glorias. Los "bandeños" y los goles de cabeza de Arquiza, la calidad del tucumano Robledo, la fineza del "tunca" Carles, el "cuyayita" de los 80, el de Surlín o Hugo Conde.

Lavalle con los hermanos López, la gran aparición de "trampolín" Fernández, Wilson Rojas, Sacarías. En los 90 "chacho" Carrazana, Tárraga, Toro y Barrios. Por estos tiempos  “caluli” Eskiner y el “ Chileno”Bogado…

Quedarán nombres que no se deben omitir pero la memoria a veces traiciona y la emoción obnubila.

Sólo el deseo de que todo transcurra en paz, es la última reflexión que le queda a un futbolero. Porque el carnaval de entre casa, está en las tribunas cuando juegan Cuyaya y Lavalle. Apenas los separa una avenida y los unen dos pasiones que se fueron acrecentando, con sudor, sangre y lágrimas. Todo eso que sólo "bandeños" y "generales" saben explicar.

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