Cuyaya- Lavalle, clásicos son clásicos…

Clásicos entre Cuyaya y Lavalle  hubo muchos…Aburridos, entretenidos y grandiosos… A veces con un barrio festejando y el otro con la desazón  retirando los trapos.


Este que culminó 1 a 1 fue un clásico sin pena ni gloria; con sólo los goles que justificaron la entrada al Estadio La Tablada.

En verdad, los primeros quinces minutos fueron una maltrato al futbol. De hecho más que la formación, yo miraba la alineación de las banderas en los alambrados, por que era lo mas atractivo de la tarde del sábado.

Cuyaya adelantó la fiesta con su entusiasmo y su alboroto de tribuna. Ahí  estaban las banderas, “De las 20”, la de “Thiago, la ilusión que me condena”, “Barrio Huaicos presentes”; la más grande (negra y con letras grandes que anunciaba “Los mismos de siempre 790 viviendas”. También la “De la porteña”; en fin Cuyaya le ponía mas fiesta a la tarde del sábado.

Sobre la Avenida Córdoba, lugar asignado para los hinchas de Lavalle, estaban puesto los trapos que decían “Los pibes de la plaza”, Una bandera muy grande cubría el alambrado que anunciaba: “Club Atlético Lavalle, nada más existe”. Por ahí se mostraban algunas que decían: “Con Lavalle a todas partes”, “La banda del fuerte”, “Lavalle, la droga de mi corazón, “Fieles a Lavalle”…

En frente, Cuyaya puso la fiesta, hasta que pocos minutos después, Lavalle entró con el grueso de su hinchada, para meterle pirotecnia a la abúlica tarde futbolística.

El encuentro tenía mucha administración de pelota por parte de Cuyaya, mucha contracción por parte de Lavalle a romper los circuitos de su rival y por momentos, alternancia en los ataques de ambos. “Mucho fervor y poco “seso”.

Sin embargo, llegó un tiro libre distante que cayó para Lavalle, buscando la cabeza “peinadora” de alguien, mientras los defensores incluido el arquero, quién no le sacó la cabeza de un puñetazo a los delanteros, tuvo que ver como esa endemoniada pelota, pegaba en uno de los “fierros”, para caerle a domicilio a Valeriano, que la empujó para el grito enloquecido del Barrrio Mariano Moreno. El 1 a 0 levantó a Lavalle, sin embargo Cuyaya estaba herido y fue con fiereza a buscar el empate. Antes, Acosta -de Lavalle-  sacó un remate que el arquero Benítez de Cuyaya desbió magistralmente por arriba del travesaño.

La leña ya alimentaba el fuego de uno y otro lado, sobre todo cuando ese pibe de apellido Machaca, parecía un imán, ya que las pocas posibilidades de Cuyaya para empatar, justamente le caían a él.

Pero bastó un desborde, para que cruzara toda el área, como una bala perdida, y apareciera Torres para empujarla de manera “fantasmagórica”. El 1 a 1 estaba concretado.

Así se fueron al descanso, mientras las tribunas jugaban una partido aparte. Cuyaya puso en la tribuna Santibañez un espectáculo de globos blancos y negros, que hicieron las delicias de los periodistas que asistieron a tan magnífica diversión.

El partido fue de ida y vuelta; sin embargo, el segundo tiempo, Cuyaya pudo haber ganado de no ser por su impericia. El partido se volcó decididamente hacia la ciudadela de General Lavalle, y un remate cruzado de Ruiz pudo haber desnivelado el tanteador.

Lavalle se las ingenió para aguantar y no darle el gusto a su archirrival. Mientras que Cuyaya se tuvo que resignar a que “ganas no es lo mismo que merecer”.

El árbitro Luis Maldonado de correcta actuación marcó el final y puso final así a un clásico más. Aunque para nosotros, un Cuyaya-Lavalle, por más insustancial que resulte, en nuestro maravilloso fútbol ¡Es lo mas grande que hay, querido!

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