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Comentario de Libro



"…al transitar senderos recorridos, estamos más atentos al sentir que al conocer…”



LA PLAZA DEL DIAMANTE

Primero leímos la novela, luego vimos la serie televisiva, más adelante, la película. Finalmente, volvimos al libro. Las re-lecturas tienen un sabor especial. Sobre lo ya conocido, los nuevos descubrimientos. El comprobar que el paso del tiempo ha acentuado algunos rasgos, diluye otros y pide una lectura más despaciosa. Como si, al transitar senderos recorridos, estamos más atentos al sentir que al conocer.

Volver a leer LA PLAZA DEL DIAMANTE de MERCÈ RODOREDA (Edhasa. CABA. 2017), con prólogo de Gabriel García Márquez, es ratificar lo que intuimos en aquella primera vez: que estamos frente a “ la más bella (novela) que se ha publicado en España después de la guerra civil”. Y que, sin describir batallas ni mayores atrocidades, se nos ofrece el más crudo y desolador paisaje de la terrible contienda.

La historia de Natalia/Colometa, como la de tantas mujeres que sufrieron violencias de toda índole, cala hondo y se impone por su patética sencillez y su tono hondamente piadoso. Se perfila, en efecto, un trasfondo de solidaridad, que incluso en los momentos más críticos, aúna a los más desvalidos.

De alguna manera, la protagonista se identifica con esas palomas del criadero de Quimet -el primer marido que le deparó dichas y penas por igual. Y, a pesar de todos sus infortunios, un ansia de volar poblará el mundo de sus sueños.

“Y arriba, yo arriba, arriba, Colometa, vuela, Colometa… arriba, Colometa, que detrás de ti está toda la pena de mundo, deshazte de la pena del mundo, Colometa. Corre, deprisa. Corre más deprisa,(…) vuela arriba, escaleras arriba, hasta tu azotea, hasta tu palomar… vuela, Colometa. Vuela, vuela…”

FOTO YOLANDA BEGUIER.jpg

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