Jujuy Al Momento

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Comentario

Irene Marks: una obra poética genuina

Una y otra vez, repetidas lectura, desde que Irene mostró su libro en una presentación, en La Serendipia, en el mes de Noviembre, en ese lugar tan cálido, La Dama de Bollini. El Séptimo Mar, un poemario pleno de símbolos, alusiones rituales, provisiones antropológicas, interacciones astrológicas (Sol-Luna), viajes al Origen, al Cosmos.

Una acumulación de imágenes y de metáforas, exploraciones míticas: “jungla enmarañada”  para encontrarnos en “estaciones sumergidas/y ciudades fantasmas/del océano mar”. La invocación a la Naturaleza, “el viento sea en nosotros” y  trazar el segmento Eros-Tanatos “donde el centro de amor hirvió/cantando/donde maté la iguana/con el perfume intenso de una flor” : es admirable.

Creo en la composición en la Poesía de Irene Marks, aunque, atención, arriesgo una narratio automática, o sea, los poemas ya estaban escritos, antes in mente. Una poesía de estilo creacionista.

Y si no, cómo desautorizar el bagaje de cultura poética de la autora en las citas de Miguel Ángel Asturias, Jacobo Fijman, Hugo Lindo y Simón Kargieman. Con este fueron sus comienzos, cuando tenía su taller en Chacarita de los Colegiales, cerca de Lacroze. De allá viene Irene, que no es poco,  congraciada en una sostenida obra poética hasta nuestros días: Presencias, 1982, La hermandad galáctica, 1984, Origen, 2009, El Séptimo Mar, 2018. Las citas traducen gramáticas generativas, tras el esbozo de  un discurso lingüístico, verdaderas cajas markovianas encabalgan el lenguaje.

Irene Marks posee sólidos conocimientos esotéricos y lleva ínsita “una rama dorada”, parafraseando a Frazer, si se me permite. La acompañan y esto es insoslayable, lecturas de poetas contemporáneos de fuste como Élida Manselli y Elena Eyhermendi, quien le presentó el libro.

Leo y releo este poemario, estoy en Mar del Plata y encuentro en la biblioteca sus libros anteriores, La hermandad Galáctica y Origen, entonces…regreso a sus poemas y ahí me quedo, realmente, sorprendido,  para tropezarme con una cita de Nietszche y el poema Los vuelos separados: “El que buscó la luz/más allá/ no comprendía/El que abjuró del sol/ el que no vio los rostros/que asomaban/ en la Ciudad de Acero”. Y a esta altura de una pretendida nota bibliográfica, presiento que no podré lograr el objetivo, que por otra parte, sería mezquino.

LA HERMANDAD GALÁCTICA

¿ Cómo abarcar los mundos contados, la densidad de la letra, los meta-mensajes, en ese derrame lírico y axiológico? ¿ De qué manera  volcarlos en una bibliográfica? Me encuentro de golpe con una cita de René Char y un poema dedicado a nuestro querido poeta  Ignacio Giancaspro: Los mensajeros II : “-El sonido despierta…/un paso en las veredas,/ unos pies arrastran como reciénvenidos/ ¡Qué decirles? ¿Qué promesas/sacar de las alforjas/ahora que no hay tiempo/ para contemplaciones?” Interrogaciones que dan espacio a un filosofar, una vertiente social, digamos,  un debate íntimo, dialéctico, “donde se vende el tiempo de los hombres/ y se archivan los sueños/ por un trozo de pan y una cama caliente”. Y sigo detenido en La hermandad Galáctica, leer Engranajes, dedicado a Carlos Giovanola (quien creara el sello Ediciones del Cañón Oxidado): “tanto dolor a cuestas, Mundo,/tienes/tanta pena en el centro/que se matan los hombres/ con los ojos vendados”

La memoria me trae a colación un libro de Cornelius Castoriadis, Ventana al caos (FEC.2008) : “¡Qué es lo que hoy muere? Ante todo, el humus de los valores  en que las obras culturales pueden crecer…¿Puede existir la creación de obras en una sociedad que no cree en nada, que no valora nada verdadera e incondicionalmente?” Pese a los espacios sociales, dudas e interrogantes, Irene Marks, adopta compromisos éticos, “no lo vas a creer, mandaron jinetes a la guerra”,  se planta frente a la “desesperanza, el hambre”, opone, invoca al “Árbol de Luz”. Y desgrana fraseos como “buscaron  la luz en la distancia”, porque acaso estarán los “Pregoneros de las Nuevas Galaxias/abriendo los caminos/para el que ha de llegar”.

En verdad, estaba dando casi  por “terminada” la bibliográfica o mejor este merodeo sobre la obra, intensa, de Irene Marks, pero no : debía seguir, eso sí, disfrutando  las lecturas de sus libros, donde uno halla verdaderas canteras de imágenes, sustratos reflexivos, tándems éticos, líneas mentadas por una imaginería dictadora, incansable, poema a poema. Y hacer-me un viaje al Origen, tal el título de otro de sus libros, que tuve la oportunidad de comentar oportunamente. Y  uno  asocia y piensa en espíritus como Jean Arthur Riambaud,  el de las Iluminaciones, con líneas como “la luz vuelve al árbol de cimientos”/”en cuanto al mundo, cuanto tú salgas, ¿qué será de él?”/ “sobre el nivel de las más altas crestas, un mar agitado…”. Mundo, luz, mar, si bien son términos tomados al azar por el que escribe esta aproximación, refractan en alguna medida, una dictatio común a poetas iluminados. Corre por mi absoluta cuenta este aparte,  recreo íntimo de la memoria, trayendo a Rimbaud, el que escribió  “ ¿los abismos de azur, los pozos de fuego? Es tal vez en esos planos donde se encuentran lunas y cometas, mares y fábulas”.

Otra asociación: me llegó de golpe  el recuerdo de  un libro que había leído en la adolescencia, Ciudadano de la galaxia, del gran autor de CF Robert Henlein,  en donde su personaje, Thorby, sufre en una sociedad esclavista, por lo que me forjé un paralelismo ético con las poesía de Irene Marks.

   Y en mi recorrido por los libros de Irene Marks, regreso a Origen, de forma que el lector se dé una imagen más completa de una poeta alejada de los bombos y platillos, de aquellas canonizaciones, devenidas de actuaciones “oficiales”, su manera de ser, su modestia, la hace bienquerida por el orbe poético de  Buenos Aires. Pese a su bagaje de vida poética, la competencia no es su mundo.

 ORIGEN

Había titulado el texto Irene, telúrica, La viajera que encuentra….

…a la Negra diosa blanca, a la Madre del diluvio, que penetra en el Mundo de los túneles, o que se detiene en las Cuevas de Ongamira y que le canta a la Luna, con la intuición de ver “la estrella antes de que me condujeran a los últimos túnele y seguir en la Ruta  de los rituales, en esas Ceremonias que forja la Naturaleza, tan secretas y al mismo tiempo desnudas, porque “tiembla el milagro. Y sí, compartamos ese Sol, cuando “desnude el fuego las cavernas del bosque”, vayamos con Irene Marks de Noble a ese Origen, poemario único. Y si digo único no es por la mera obviedad de la creación personal, no: los que ya estaba en ese mundo anterior, originario, también parece haber estado precintado  en el sentir, en la mirada de nuestra poeta, en un canto modus narratio que desgrana –permítaseme este lugar comúnlas palabras de la roca y se consustancia con las descripciones y el paisaje, por no decir, que Irene es también ese barquero y su sombra y penetrar en una personificación inherente y contemplar (nos) cuando estalla la luz.

El tema de las imágenes, devenidas no por una obsesión compositiva, --arriesgo—sino por una catarsis de homenaje, imágenes que repiten las voces (leva manjá/aku-som-bei,)…¿será ese algo que soñamos despiertos o dormidos y nos lleva,  nos marca los caminos? No hago más que reproducir la cita inicial de Origen, e intentar viajar con una poeta genuina, con sus Diosas, contemplar algún lucero al costado de las montañas desde el llano, tras el misterioso llamado que renace. La mitología está servida en esta trasmutación de poesía cantada. Bien lo dice Paulina Vinderman: “La poeta hace suyas, mediante la invención y la percepción, las voces de nuestros ancestros. Esos que ella idealiza en su prólogo: los sabios conocedores del secreto del mundo”

Y refrendo: No a ellos, los bienaventurados que aparecieron., las imágenes de los dioses en la tierra antigua, ha escrito Hölderlin, de alguna manera es el ensamble de lenguaje de nuestra poeta para abrazar el ser histórico, el Dasein del que nos hablaba Heidegger en sus reflexiones sobre el arte y la poesía. Y desde esas estrellas que contemplamos, nos llegan esos mensajes, para consustanciarse en paisaje de “ Maestra-Madre-Tierra” por qué no, como en una comunión que  nutre este poemario celebrante, Origen.

Es conjeturable que hay todo un debate sobre las vanguardias y el fenómeno de la posmodernidad, todo un tópico de las últimas décadas. Bien lo expresa Ana Pizarro en su trabajo Las vanguardias siempre (véase “Poéticas de la transgresión”, Viviana Gelado, Corregidor, Bs As, 2007) : “las históricas son realmente vanguardias vanguardias, las históricas instalaron su clasicidad en el espacio de la historia cultural latinoamericana”  Y en este contexto podemos ubicar, por su aporte genuino, sostenidamente genuino,  a Irene Marks. Porque  tiene mucho para decir, para re-transmitir,  con-tiene todos esos mundos para re-contarnos. Admirables  acumulaciones semánticas para testificarnos conjuros, esta viajera que “anota las primeras señales del camino y le canta a la Ruta  , como una exploradora que hace el inventario de la historia y de los mitos. Y si dije telúrica, esto no quiere significar aquello folklórico estrictamente, o lo  autóctono acendrado:  no : el lenguaje de nuestra poeta es identificatorio: es ella misma. Irene canta, cuenta y escribe, narra en poesía fuerte, impelida por un estado de inspiración, escribe cobijada bajo “el firmamento de estrellas”, acaso en letra tan pura e incólume, imperecedera como “las piedras de los caminos”.

 

Irene Marks nació en Buenos Aires. Es Profesora de Inglés y de Castellano, Literatura y Latín. Traductora. Se dedica a la Docencia con niños, adolescentes  y adultos, tanto de Inglés como de Español para extranjeros. Ha publicado en diversas antologías, como poeta y narradora. En los 80 integró el grupo El Cañón Oxidado y asistió al taller de Simón Kargieman.

 

 

Sebastián Jorgi 

Periodista, escritor, Profesor en Letras bonaerense.

 

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