Jujuy Al Momento

Jujuy al Momento

Celebración

21 de marzo, Día mundial de la Poesía

 

Calíope, diosa de la poesía.

 

 

“…Entonces, el hombre, amedrentado por tanto mundo mágico, piensa

en el mundo, en el hombre de otras calles…”

 

Llegamos al Día Mundial de la Poesía. Refexionamos sobre este festejo y nos alegramos de su existencia. Porque para muchos poetas y lectores la poesía es el bálsamo que nos sustenta, el soporte existencial que nos conmueve, nos alimenta y emociona.

La fecha nos señala, nos hace mirarla/nos con amor, con pasión. Amante significativa. Nos permite bucear en la intimidad para descubrirnos y expresar el mundo propio y el exterior en su diversidad. La desnudez del espíritu se ovilla en su lirismo. Arma vital que nos une y amplía la capacidad de comprensión de la condición humana. Los poetas intentamos asirla, y corremos detrás de ella. Nos compromete y dignifica, nos obliga a observar una diferente  dimensión de la vida, y nos permite, fundamentalmente, ser libres.

En buena hora la existencia de los lectores que la resignifican. Ellos tienen que saber que el poeta les ofrece el pudor del corazón, el acceso a un mundo simbólico que camina por el borde de lo real y de lo imaginario y desea compartir esa maravillosa experiencia. A veces, lo logra, también sabemos que su llegada depende de la sensibilidad del lector.

Entonces, en esta celebración, queremos recordar a poetas que nos señalaron, jujeños y de otras partes del mundo. Inacabable lista. Por eso hablamos en esta nota a uno de ellos, del cronista sensible, querido poeta, que nos representa y cantó a Jujuy, a Néstor Groppa que encendido como la luz de Venus nos observa en amable amistad.

Su poesía nos sigue iluminando y con su cálida personalidad desde el más allá nos acompaña. Supo participar con generosidad y bonhomía en la vida cultural del país. Tuvo premios, halagos, amigos entrañables. Fue su propio editor y el editor de otros. Pero sobre todo un perseguidor tenaz y obsesivo del paso del tiempo, ese tiempo que desgasta la vida y los objetos.  

Groppa, el poeta que ama a los hombres, es como la tierra. Nacerá la flor, florecerá el jardín y con su aroma tocará la noche, la eternidad.

 

Néstor Groppa por Seoaje.

 

LA CALLE     

 

Hay que andar.  

Y andar mucho.

Andando se aprende.

Se aprende a leer la calle.

Desde el pringoso puesto de sándwiches y panchitos.

El carro hechizo con yerbas medicinales de “sierra, mar y Andes”, y su dueño que siempre lee un cuaderno naturista.

Andando se lee en la cara de la gente hacia dónde va.

Qué lleva para su casa.

Interminable es la calle.

Es un libro del que todos los días se escribe una página. Al que todos los días se le agrega una página.

Dicen que la calle también enseña.

Que hay maestros viboreros, y cafeteros, y canasteros y paragüeros y diarieros.

Maestros de arte y oficios imponderables.

Maestros pálidos de magia.

Por eso es linda la  calle, porque no acaba nunca.

Suele llevar nombre de prócer.

Suele vivir en el centro o en las villas con un solo grifo de agua para decenas de familias.

Suele dar a los caminos, que son calles mayores.

Y saben historias de calles. Historias de carritos, de sirvientas, de parejas, de manifestaciones, de barricadas, de perreras, de basurales, de lecheros, y repartidores de gas y gaseosas. También historias de guerras, como aquí la Belgrano, la Alvear, la Sarmiento…

De noche también la calle descansa con su velador esquinero.

Los ángeles se sientan contemplativos en las cornisas, en los umbrales y en los alféizares.

Los negocios duermen.

Descansan los vecinos.

Los minutos corren de una punta a la otra.

Entonces algún perro ladra el irse de las campanadas. Y lo apunta en su libreta de perro.

Ladra, cuenta una historia de esa calle (mal contada, por supuesto).

Y la calle se hace del mismo color del cielo, nada más que con letreros en vez de estrellas.

Entonces, el hombre, amedrentado por tanto mundo mágico, piensa en el mundo, en el hombre de otras calles.

Y siente que la calle lo une.

El corazón antiguo de la calle. Su sin tiempo.

Lo sin techo de la calle.

El paso.

Lo que pasa. Acontece, Sucede.

El estar viendo a la vida caminar como a una persona que entra en alguna parte. Y muere.

Así se suele hermanar el hombre: en la vereda.

De casualidad. Encontrado.

En la vereda todavía múltiple y una.

La vereda, que es la calle de conversar.

 

Domingo 23 de mayo de 1971-Anuarios del tiempo. T. III

 

 

¡Nuestro homenje al representante de la poesía en Jujuy, Néstor Groppa!

 

 

Susana Quiroga  

 

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