Jujuy Al Momento

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Comentario de Novela

 
 
 
SEBASTIAN JORGI nos ofrece un intenso comentario de la novela “Las puertas del cielo” de Eduardo Balestena. Como dice “ un viaje de reconocimiento existencial, en la que se juega una dialéctica de la memoria,…”.
   
 

 

 

 

EDUARDO BALESTENA:

PEREGRINAR DIALÉCTICO VIAJANDO EN MOTO

 

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Eduardo Balestena.

 
Una intenso viaje, en la nueva novela de Eduardo Balestena, Las puertas del cielo (Pukiyari Editores, 2018). Estructurada en 8 capítulos, los primeros siete catapultados con citas de de Marcel Proust y el último con una cita de Julio Cortázar, precisamente del cuento homónimo al titulo de esta obra que comentamos.Cabe aclarar que en el primer capítulo agrega una cita de Memorias de Adriano de Margueritte Yourcenar. Dos planos expone el autor para un armado del acontecer novelístico: 1. Raccontos en cursiva, donde aparecen las voces de padre y madre en un viaje al Sur cuyo punto de partida fue Mar del Plata en 1953, tipo monólogos interiores narrados sobre todo por el padre y 2. El viaje propio del autor también al Sur y a Chile emprendido junto con un amigo llamado Diego, entre noviembre de 2017 y febrero de 2017. (El viaje con Hernán lo hicimos en marzo de 2016)

La obviedad de una novela autobiográfica no descarta  lo reflexivo, sobre los temas de la vida en torno a la fidelidad del amor y también a la valentía de asumir un viaje en moto en 1953 de sus padres, ayudados por el Barba, un mecánico, siempre necesario en una aventura que tiene sus riesgos. Veamos:

Era muy de mañana cuando él sacó la AJS del departamento, la alzó para fijarla en el caballete y cerró la puerta.Anita, seria a su lado, lo observaba. Ella confiaba absolutamente en él,ya habían andado mucho en Jawa 250, a Balcarce, a Miramar. Esto era distinto, irían con el Barba, el mejor mecánico, además un “loco lindo”…Salvo por el lechero de La Martona, Chacabuco estaba desierta a esa hora y salieron despacioa buscar a Barba, en Bolívar casi OIazábal.

 Es la largada de la novela, Bariloche, Mendoza, Córdoba, lugares tan lejanos, piensa el padre mientras “las manos de ella se sujetaban de la campera de cuero para protegerlo del frío de la mañana”. Y un par de páginas más adelante, comienza el viaje del autor en noviembre de 2016, un viaje de reconocimiento existencial, en la que se juega una dialéctica de la memoria, con tramos muy emotivos al recordar con felices descripciones la vida de papá y mamá. Veamos este segmento: “El viajero es un eterno peregrino, descubridor de sí mismo que en su marcha busca a la vez que el lugar propio, lo nuevo, lo sorprendente y lo que estaba antes de todo eso”

Y claro: antes de todo eso, frase del narrador-protagonista cuando emprende el viaje por 20 de setiembre, doblar en Río Negro y llegar a la casa de Diego en 14 de Julio. Otra Mar del Plata, muy distinta a la de aquel 1953 cuando sus padres emprendieron su viaje. Una Honda 700 NC para el narrador y una BMW para su compañero de travesía.

¿ Una búsqueda identitaria? Me preguntaba, ¿ una nostálgica perfomance, quizá reparadora del antes de eso? “La foto de mi mamá en mi escritorio es lo primero que siempre veo (ya es parte de mi): una de esas fotos en blanco y negro muy chicas: ella está a la vera de un camino de ripio, con montañas al fondo, en pantalones y campera de cuero…con las manos en los bolsillos. En el reverso de la foto, la letra de mi papá: Camino San Martin de los Andes-SC de Bariloche 27 de Febrero de 1953.Tiene veintiún años y no se ven sus ojos sino más bien que se los adivina”. Aclaro que es la foto de tapa de esta novela, como puede apreciarse, tiene  toques muy poéticos en torno al recuerdo de la madre. Otro tema para destacar, precisamente, son los toques poéticos, en los retratos y en las descripciones, con una textura detallada. Eduardo Balestena no deja espacios en blanco ni implícitos: todo nos lo cuenta, al tiempo que se reescribe en un hábil juego compositivo, en la dinámica de un acontecer, sorteando “ripios” de dolor, sobre todo ´por la pronta partida de su mamá a los 43 años.

Otro corte: “Los ríos unen y separan, establecen fronteras y ahora parecía que abandonábamos un mundo para entrar a otro, como aquel pasaje en la novela La motocicleta de Pieyre de Mandiargues, que se refiere a el río infernal que deberá franquear el alma después de la muerte” Y este punto me vino a la memoria la Teoría del mundo de la vida de Hans Blumenberg.(FCE,2013):”La experiencia personal quiebra la flexibilidad de aquel mundo escolar en tanto un mundo de vida, es siempre un riesgo, un desencanto, desilusión o enriquecimiento, corrección de presuposiciones”. Y Eduardo Balestena afronta los riesgos, en flasbacks de una memoria que va y viene, y sale airoso en la novela como género, con estoicismo. Acaso una especie de Mersault soportando la gravitación de un pasado que intenta condenarlo. Pienso que Las puertas del cielo es una gran novela, no sé si el término “descargo” será conveniente, uno asume en el tema de la crítica sus riesgos, sí estoy seguro de las calidades de un narradora sólido, como lo prueban sus novelas anteriores,  de las cuales he comentado en su oportunidad Amores de lejos(Corregidor, 2000).

Es admirable el ida y vuelta, el pasado y presente conjugados en esta páginas, un armado de novela bien urdido, pensado, aunque, imagino, que todo estaba ínsito en la memoria del autor, una memoria que se despliega en párrafos, con densidad emotiva a veces, digamos, secuencias, equilibradas en cada capítulo-estadía. Lo que va conformando un sustrato poético.

Es que las relaciones de familia y en general, en esta posmodernidad de Amor líquido, (copio a Zygmunt Bauman) conllevan a controversias, equívocos, imágenes…pues debe tenerse en cuenta “la fragilidad de los vínculos humanos”, que nuestro novelista despliega con prosa rápida(la novela atrapa y ya no se abandona su lectura). La imagen secuencial de la muerte de Padre, es un racconto onírico y el cruce de familia llega hondamente hasta la Tiada y Madre, a las que se les dedica el libro.(Tía Ada y Ana Edelmira Larrea). Me dije, a esta altura, que Las puertas del cielo es una novela psicológica—no en el término excluyente--, sobreimprimiendo un acontecer dinámico, entre el viaje actual 2016-17 y aquel viaje emprendido por sus padres en 1953.

Las remisiones al mundo de la infancia constituyen otro viaje interior, digamos, “motorizado” por la Pensatividad (Nachdenklichkeit), “no es posible considerar la vida de uno como algo que se entiende de por sí…una relación de pregunta y respuesta” sobre el pasado (otra vez Blumenberg). De ahí mi idea del tema dialéctico en nuestro autor. Veamos_ “Yo pensaba que estábamos a 1635 kilómetros de casa,que por primera vez cumplía mi sueño de ir en moto.Venir en auto es un viaje y venir en moto es una experiencia “mística”, llena de intensidad, expectativas, sol, frío y viento y esa sensación de haber realizado una empresa pendiente”

El homenaje a padres, más a la madre, está en esta nueva  de Eduardo Balestena, que, dentro del panorama narrativo contemporáneo, debe valorarse como un aporte significativo, para ser considerada en las aulas universitarias y en los investigadores profesorales. Muchos, a caballo de marketings y de cierto canon—justificado a veces--.Una serie de fotos alusivas encontramos al término del texto, que atestiguan esta travesía en moto hacia el Sur, una especie, vuelvo a arriesgar, un anagnórisis , atravesando el mapa para re-conocer, re-pasar, re-vivir, rencontrarse. Dos cartas cierran el libro: una de Marco Denevi (“Eduardo Balestena está llamado a ser uno de los renovadores de la literatura argentina” y la otra de Osvaldo Bayer (“He quedado admirado por su arte de escribir literatura, tiene un estilo sabio, descubridor, que nos abre horizontes en cada página.Usted es un maestro”).

Corolario insoslayable.

 

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