Jujuy Al Momento

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Comentario de libro

Filosofar continuo en “21 gramos” de Osvaldo Picardo

 

 

“Uno se siente como un pescador frente a un  desierto

que alguna vez, increíblemente,  fue también mar.”

 

Varias veces, desde que me obsequió el libro en 2014, intenté entrar en el poemario de Osvaldo Picardo. Opté entonces por releerlo, tras dejarlo en mi biblioteca de Mar del Plata. Precisamente, donde nació y reside el poeta, donde también ha desarrollado una intensa labor universitaria como investigador y docente. Requería, obvio, una lectura atenta en primer lugar y luego—un largo después—un decantar del lenguaje, un asentamiento de cada poema, en los que se refractan las cosas de la vida, espacios de infancia y cuadros de la memoria.

Y sí; debía dejar el libro “en escabeche”, como solía proponer Juan-Jacobo Bajarlía. ¿ Por dónde empezar, entonces? El azar abrió en la página 19. El poema Es una música con la que uno cree de vez en cuando despertar:

                               En esta casa hemos vivido

                               hay humedad y grietas

                               que se vienen  apuntalando como se puede

La descripción de una casa como la de todos (como la mía), “la que hizo el abuelo…con pobreza e ingenio”, a la que siempre regresamos y “escucha las largas uñas de la lluvia”. Neto corte creacionista en este bello poema, para insertar un “todavía” que ha detenido el tiempo, tras la vuelta nostálgica acaso (¿por qué no?).

Entonces, tras la aproximación, entra en juego el proceso de identificación con el poeta, una manera de seguir, con menor riesgo, para apuntar hacia una bibliográfica más o menos honrosa. Recuerdo que Bayley me decía, cuando compartíamos tertulias en la revista Meridiano 70 y después Macedonio, “ojo pibe, no dilucides mucho, la poesía te llega y listo…Si no Hay una pizca de hermetismo, no hay poema, es prosa..rica”. Así, con ironías hablaba Bayley. Y concuerdo, sí, yo también cuando regreso “la cocina huele a domingo”, conmover, eso, contemplar como “la gata baja de los techos”: es el bello poema Final de verano con una gata entre los brazos.

Vaya tema el de la contemplación, la mirada que escribe, al tiempo que el poeta se reescribe en homenaje a dos pescadores, homenaje a la postre a su ciudad Mar del Plata, donde los Dioses del mar capturan “más cerca del horizonte que de la playa”. Las cosas de la vida diaria, los íconos del barrio, el verdulero, el panadero, un niño que dibuja, los pescadores que vienen de lejos, las charlas tontas en una cervecería, todo reflejado en instantáneas-cuadros de la memoria. Pero ojo: tras de estas cosas cotidianas, simples, el poeta despliega un sustrato metafísico, para reflexionar sobre la Eternidad, el Alma, el Nihilismo, la Soledad, Dios, hasta Ontológica (“tanteo la íntima inexistencia”).

Otro poema, El olor de la niebla es el olor del tiempo, expandido en siete dísticos, del que extraigo “la mesa de las horas toco, y la silla/ luego, la puerta vencida de los años”. Claro, el desdoblamiento autobiográfico, esa apelación al niño “cuando tenías siete años, al viejo lo viste,/en la banquina, y te enseñó a hacer nudos”, es mover, mover-se, toda la estantería existencial, con un cálido recuerdo al viejo Mamino. Me estoy refiriendo a El nudo doble de los pescadores deja sueltas algunas cosas. No se olvida Osvaldo Picardo en estos nudos (el subrayado corre por mi cuenta) del tema Bíblico, en este poemazo que estamos atravesando: “Uno se siente como un pescador frente a un  desierto/que alguna vez, increíblemente,   fue también mar./Ahí hubo pesca, hambre y quien sobre las aguas/habló de incomprensibles enigmas, diciendo:/Yo soy el Camino, la Verdad, la Vida”- Es destacable el arte compositivo, para esbozar la simbiosis pescador-desierto-mar-enigmas y concluir en la cita Bíblica. Y así, en imágenes y metáforas urdidas a través de la memoria, nos trae la “voz de los que aquí vivieron/se te ha perdido. Charlas, gritos, frases/ mueven los labios en tu cabeza” ¡Tremendo juego creacionista!. Como en un racconto en sepia del neorrealismo italiano.

Desatar esos nudos existenciales que aprietan se transmuta en este libro 21 gramos, (Ediciones en Danza, prestigioso sello creado por Javier Cófreces), gramaje que gravita con el peso específico de una poesía genuina, original, en el espectro contemporáneo de nuestra literatura. Un continuo filosofar.

Osvaldo Picardo nació en Mar del Plata en 1955. Docente e Investigador Universitario, de reconocida trayectoria.  dirigió EUDEM, la editorial universitaria  marplatense. Creó la revista La Pecera, de amplia difusión internacional, en la que han colaborado firmas de prestigio. Apenas en el mundo es su primer libro de poemas (1988), Mar del Plata (poema en 12 partes, 2005), Antología personal de Joaquin Giannuzzi,2006, Pasiones de la línea(2008), entre otros poemarios y diversas publicaciones, traducciones y ensayos. Fue becario del Instituto de Cooperación Iberoamericana de Madrid.Obtuvo diversos premiaciones y distinciones, como el Premio Fondo Nacional de las Artes y el apreciado Premio Municipal Alfonsina en su ciudad natal.

 

Sebastián Jorgi

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