Jujuy Al Momento

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Recordación y Comentario

Mi recuerdo de Jorge Calvetti

Conocí a Jorge Calvetti (Maimará, 4-8-1916/Buenos Aires, 4-11-2002) en una de las reuniones del Centro Argentino del Pen Club Internacional, en el restaurant legendario Chiquín de la entonces calle Cangallo al 900 llegando a Suipacha, en 1981.

Estaban presentes entonces el Presidente del Pen Club José Isaacson y el asesor permanente Juan José de Urquiza, acompañados de poetas, narradores y académicos como Enrique Anderson Imbert, Antonio Requeni, Adelmo Montenegro, Ricardo Mosquera Eastmann, Fermín Estrella Gutiérrez, Syria Poletti, María del Luján Ortiz Alcántara, Victoria Pueyrredón, Ester de Izaguirre, María de Villarino, Luisa Mercedes Levinson…Una pléyade de lujo. Era una de aquellas cenas donde se entregaban los premios denominados Plumas de Plata, entre otras distinciones y también informes, comunicaciones para los integrantes del Pen Club.

Los profesores que me conocían, Ángel Mazzei y  Rodolfo Modern, me acercaron hasta donde estaba ubicado Jorge Calvetti. Un fuerte apretón de manos y una sonrisa del autor de Memoria terrestre me quedaron grabados para siempre. Al tiempo, además de las reuniones de la entidad, lo encontraba en diversos actos y presentaciones. Pero lo que nos unió más adelante fueron encuentros en el barrio Parque Chacabuco, más precisamente, en la Iglesia de la Medalla Milagrosa. Jugosas conversaciones y sobre todo anécdotas preciosas de su parte, que yo saboreaba en el café Glass de Pedro Goyena y Avenida La Plata en Caballito, cuando él solía reunirse con Ángel Mazzei y donde se sumaba el querido poeta Antonio Requeni. Un par de veces he compartido esa mesa de café, pero donde solía invitarme más asiduamente era a su departamento de la calle Juncal, en Recoleta. “Véngase Jorgi a tomar un vino de 4,50 y unas empanaditas”. (De 4,50 en aquel tiempo era un reserva muy bueno)-

He presenciado su incorporación a la Academia Argentina de Letras, cuyo discurso de recepción estuvo a cargo de Antonio Requeni., en 1984. El germen de Tarja, de mediados de los 50, junto con Héctor Tizón, Néstor Groppa, Mario Busignani y el artista Medardo Pantoja, fructificó en una trayectoria brillante. Ah, recuerdo que en una de sus invitaciones lo acompañó la canta-autora Teresa Parodi.

Debo destacar su apoyo a las nuevas generaciones de poetas, acompañarlos en sus presentaciones, precisamente con el poeta y amigo Amadeo Gravino hemos compartido varios  momentos. En Ediciones Culturales Argentinas también con Hugo Acevedo, en el Fondo Nacional de las Artes, con el querido Félix Coluccio. Me siento agraciado y agradecido por su amistad.

Le he dedicado algunas humildes notas sobre su obra y mi libro Trenes a Bolívar (donde aludo a esos encuentros en la Medalla Milagrosa), editado por buenamontaña, el sello del recordado y querido poeta Néstor Groppa. A 25 años recién pasados de Escrito en la Tierra, premiado por la Fundación El Libro por un jurado presidido por Luis Gregorich, escribo esta recordación, al tiempo que reproduzco una bibliográfica aproximativa de aquel tiempo:

 

ASI EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO…

 

 

Escrito en la tierra de Jorge  Calvetti es mucho más que un libro de cuentos: constituye una lección de narrativa, que sobrevuela a la altura de una dimensión  poética poco común. Obviamente, se me dirá, ya que Jorge Calvetti conlleva ínsita la carta de ciudadanía de nuestro  excelente  mago de la palabra. El poemario inicial es de 1946  editado por la ya legendaria  casa  Peuser : Fundación en el cielo y sus escritos en prosa datan de 1948 con Alabanza del norte ( ed. T. Ser). Y como si fuera una especie de cierre el de aquel titulo con éste que nos ocupa hoy, como una suerte de ciclo ya me permito hacer un juego de palabras: fecundar en el cielo para escribir en la tierra.

 “La palabra” es el título de uno de estos relatos de Escrito en la Tierra. Es la palabra empeñada del peón que ha prometido regalarle el caballo al patrón una vez crecido. Pero el amor por  el caballo ya montado por el hijo harán trastabillar la palabra empeñada y nada será irreparable debido a la bonhomía del patrón, quién ha  comprendido  el  conflicto. Escrito en la tierra y en el cielo de Maimara, vemos deslizarse el caudal autobiográfico del hombre,  del hombre a  caballo circundado entre la montaña y el valle. La inflexión ética y la toma de posición del hombre por la casa natal, los amigos y su mujer no admiten en Jorge Calvetti claudicaciones-ni broches   académicos-   Estoy conmovido ante la lectura de Escrito en la tierra donde  la vida plena y las costumbres populares son narradas  con textura  impecable, con diálogos que traducen la instancia natural de estos seres-personajes empujados a la escena por la memoria y la sutileza de don Jorge Calvetti.

Donde el escritor en provincias- como diría el prof. Antonio Pagés Larraya, a quien Calvetti dedica el libro- es el escritor in patris, más allá, mucho más allá de prejuiciosas fronteras. En toda la extensión de la tierra- Maimará- Jujuy, acariciada por la canícula empedernida. Acariciado paisaje – sin retórica, he ido muchas veces desde jovencito a esa belleza terrenal, Purmamarca, Tilcara, Maimara y la Quebrada. A la suma del oficio de periodista en el diario La Prensa de Buenos Aires durante años, sobresale  la prosa poética tras el toque de un teclado ya incorporado  in mente en el creador. Tramos de Realismo Mágico pueden advertirse en esta obra,  sin  ambigüedades  ni impostaciones, ya que los relatos de Escrito en la tierra han nacido desde la emoción, narrados con gran destreza. Y llevan el canto emergente telúrico, de lo más genuino.

 

 

Escribe Sebastián Jorgi 

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