Jujuy Al Momento

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LETRAS

Centenario de Antonio Pagés Larraya

 

Centenario de Antonio Pagés Larraya (1918-2018)

Una voz que no calla, que se alza triunfal, la de Antonio Pagés Larraya, a la conquista de la gran poesía.

 

 

 

Variaciones sobre su poesía

Cuando Carlos Alberto Débole me leyó los originales de Plaza Libertad (a mediados de los 80) en su oficina de la calle Viamonte, con la intención de  incluirlos en la Antología de Poesía argentina contemporánea, sentí la conmoción, esa alteración del espíritu, que se experimenta cuando se lee a un poeta puro. Quiero decir, que tal pureza, al mismo tiempo que aparta toda frondosidad, tiene la ambivalencia de la imagen y de la secuencia narrativa. “Asiduamente llego / a las orillas de la noche / en esta antigua plaza / hueco de la ciudad dormida / donde burlan mis ojos / las leyes de las horas / y velan sobre grises moradas de cemento / más frágiles que el barro / de la primer mañana. / Respiro tierra nueva / cruzo espacios remansados de ausencia…”

Asiduamente, quizá por el asedio del poeta perseverante, “como animal alerta, instala su mirada sobre el cuadro de la plaza y gradúa un tiempo (noche-horas-primer mañana) y por ser protagonista de un lugar de ese banco para expandir un vuelo de alta poesía emanado de la propiedad de los rebeldes. No escatima Pagés Larraya espasmos románticos para la niña de las cinco de la tarde / en la plaza dormida, en donde el temperamento de la gradación poética engarza paisajes y cosmos, de suelo y nubes y estaciones y lutos / y pájaros y adioses / y el pobre amor que cruza / infinito / de primavera a primavera / cuando ya la intemperancia o la necedad han blandido el puñal hundiéndose / en el mismo corazón de la plaza.

Pero el poeta podrá disponer de la ventura de un instante, un alto para seguir urdiendo y sufriendo:

Ah la tierra desolada / abierta a la noche inmensa.

Es como un alerta ético cada secuencia, en las que puede adivinarse cuadros paradojales e ironías muy caras a nuestra sufrida historia donde sagradamente ordena el brujo / sus fetiches, el poeta parece rebelarse ante las vilezas de una realidad-país y entonces aparece el Loco o el Ciego que mira / tanta vida tronchada / tantas manos sin siembra / ay alejado / mordiendo doloroso / los racimos del vértigo. Observe estas líneas y goce del profundo éxtasis que depara la lectura y avance usted con la narración impelida por una ética, ya que no se puede matar un alma ilusionada y pregúntese dónde se ha ido / una silbante agitación de las hojas / el aleteo de los pájaros / las secretísimas / melodías del aire.

Dice Olga Orozco con respecto a Plaza Libertad: “Es testigo comprometido y actor, encarnación de personajes y fantasmagorías, en esa singular comitiva de desposeídos y sobrevivientes que reúne a la vieja de los andrajos verdes y al asesino jorobado, al loco que inscribe con el índice sobre el cielo estremecedoras profecías y a los seres deshabitados que ni siquiera saben sobre qué viaje se recuestan. Con ellos comparte su pan y su vino en la fiesta tenebrosa hecha con jirones de naufragios, con las borras que exhalan las diarias ferocidades de la ciudad que duerme”.

Cabal interpretación de la poesía de Antonio Pagés Larraya, pues entra en la médula y en el latido del texto. Un texto que no admite – como diría Umberto Eco – lectores ingenuos; es más: una especie de gran función dramática que sólo admite visitantes valientes que no hagan oído sordo a las voces de Mansilla y Zeballos hablando de indios y de guerras / de libros, del desierto / y de sucesos viejos / que vuelven / como arenas sagradas / a estremecer el tiempo, una función que requiere espectadores, espíritus solidarios como el hombre / que con los otros parte / el pan y la palabra, suerte de arte poética de tres versos que hacen a la condensación y a la contundencia de una arraigada vocación poética sin impostaciones. Condensaciones y efectos que devienen del cruce de las culturas, como dice Roland Barthes en El grado cero de la escritura.

No es el caso de hacer paradas intelectuales, pero el “cruce de las culturas” bien puede remitir en el de Antonio Pagés Larraya, a una vigilia empírica en cuanto desdoblamiento del yo poético, a una cosmo-agonía sufrida “(Nadie ha quedado en la plaza / Nadie)” existencialmente en una estación sartreana donde la Nada dicta los versos: Me parece vivir / la muerte de todo, claro que, apuntando al Ser histórico de un país siempre controvertido, irremediablemente polarizado (La patria es una certidumbre que nos corta las venas) donde Nadie vive a nadie, un país desalojando de sí mismo, un país-espejo – se me ocurre – de esa plaza Libertad, límite último de una situación límite de un yo ante una naturaleza que va al encuentro de un destino, tan inexorable en su misterio como inasibleA qué viento / a qué rama / a qué amor / a qué cólera / a qué nube / a qué cuervo / a qué fuerza / a qué cruz / a qué mano / a qué boca / a qué fruto / a qué ausencia / a qué pecho / a qué río / a qué canto / a qué pena / a qué sueño / a qué ángel perdido / irá la voz que callo.

Contradigo este último verso: Una voz que no calla, que se alza triunfal, la de Antonio Pagés Larraya, a la conquista de la gran poesía.

 

Sebastián Jorgi

Escritor periodista, profesor en Letras bonaerense.

 

 

Antonio Pagés Larraya nació el 18/12/1918. Investigador, crítico literario, autor teatral. Obtuvo su título en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Miembro de la Academia Argentina de Letras. Investigador Emérito del CONICET (PK). Miembro correspondiente de la Real Academia Española de la Lengua. Realizó numerosas publicaciones, entre ellas: La iniciación intelectual de Mitre (1943), Prosas del Martín Fierro (1952), Santos Vega, el payador (1953), el guión cinematográfico de Facundo (1954), Perduración romántica de las letras argentinas (1963), Sala Groussac (1965), Hacia Leopoldo Lugones(1966), Nace la novela argentina (1880-1900) (1994). Sus estudios, monografías y artículos registran más de 500 títulos y aparecieron en revistas y diarios de Hispanoamérica, Europa y EE.UU. Entre sus premios se destacan: Municipal de Teatro (1954), Asociación de Cronistas Cinematográficos (1954), Municipal de Ensayo Ricardo Rojas (1965) y Gente de Letras al mejor ensayista argentino (1988). Premio Konex de Platino 1984: Ensayo Literario. Falleció el 13/10/2005.

 

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