Jujuy Al Momento

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letras

La poesía, pasión salvífica

 

EMILY DICKINSON

 

Un 15 de mayo de 1886, moría Emily Dickinson, poeta que vivió recluida toda su vida y, sin embargo, está considerada como uno de los más importantes poetas estadounidenses. Había nacido en Amherst, Estados Unidos de América en 1830.

Emily Dickinson nos legó una poesía extrañamente intensa. Escribía en su casa, un antiguo caserón rodeado de jardines, oyendo el silbo de los pájaros y escribiendo con y desde su cuerpo.

Vivió en un contexto de severa religiosidad puritana. La única expresión artística aceptada entonces era la música del coro de la iglesia.  Frente a la estrechez de las normas y los prejuicios, opuso su fuerza creativa, su poesía. Intentaba captar lo escurridizo del lenguaje, y creemos que esta pasión con que escribió su poesía, es lo que le permitió vivir enclaustrada y en soledad.

Llama la atención que durante su vida no se llegó a publicar ni una docena de sus casi 1800 poemas. La temática dominante relacionada con la muerte y la inmortalidad, pero también escribió sobre el amor. Se piensa que no logró concretarlo dada las condiciones de la época y su situación personal. Sus vecinos la consideraban excéntrica por su predilección por vestir siempre ropa blanca.

Aunque Dickinson en la intimidad de su hogar era una prolífica poeta, no fue hasta después de su muerte, el 15 de mayo de 1886, cuando Lavinia, la hermana pequeña de Dickinson, descubrió los poemas que Emily guardaba y pudo hacerse evidente la amplitud de su obra. Encontraron en los cajones de su escritorio 1775 poemas escritos entre 1858 y 1865. Sus poemas están numerados, fluyen, sin título.

Recordemos a una mujer bella y talentosa, a quien su pasión por la poesía le permitió vivir.

 

 

CUANDO CUENTO LAS SEMILLAS

 

Cuando cuento las semillas

sembradas allá abajo

para florecer así, lado a lado;

 

cuando examino a la gente

que tan bajo yace

para llegar tan alto;

 

cuando creo que el jardín

que no verán los mortales

siega el azar sus capullos

y sortea a esta abeja,

puedo prescindir del verano, sin queja.

 

*

 

ÉL ERA DÉBIL Y YO ERA FUERTE

 

Él era débil y yo era fuerte,

después él dejó que yo le hiciera pasar

y entonces yo era débil y él era fuerte,

y dejé que él me guiara a casa.

 

No era lejos, la puerta estaba cerca,

tampoco estaba oscuro, él avanzaba a mi lado,

no había ruido, él no dijo nada,

y eso era lo que yo más deseaba saber.

 

El día irrumpió, tuvimos que separarnos,

ahora ninguno de los dos era más fuerte,

él luchó, yo también luché,

¡pero no lo hicimos a pesar de todo!

 

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