Jujuy Al Momento

Jujuy al Momento

Primera parte

Poetas que cantaron y cantan a la Patria Chica

 

A continuación, algunos poetas que ya no están, que supieron amar a San Salvador de Jujuy y expresar líricamente ese amor: Raúl Galán, Néstor Groppa, María Oyuela de Pémberton.

 

 

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RAÚL GALÁN

 

Raúl Galán, poeta jujeño nació en Ledesma en 1913. Murió en Baradero, Bs. As. en 1963 en un accidente que conmocionó a los jujeños, sobre todo,  a sus alumnos del Profesorado que tanto lo querían. Creó en San Miguel de Tucumán el movimiento literario ‘La Carpa’, inaugurando una nueva poética en el noroeste argentino. Supo cantar a la patria chica, su tierra, Jujuy.

Presentamos el poema “La ciudad”, bello soneto pleno de lirismo.

 

LA CIUDAD

 

En las lomas del aire, las palomas;

en las ramas del viento, las retamas.

Tocando con su cuerpo cielo y ramas

Jujuy está dormido entre sus lomas.

 

Dios mío, me parece que te asomas

y vienes a decir cuánto nos amas

mientras Jujuy se quema entre las llamas

de un lapacho encendido por tus bromas.

 

Aquí mi casa está. Está mi casa,

aunque no tengo casa en esta villa.

¡Para qué quiero casa de argamasa!

 

La hice con mis versos en la orilla

del río que entre peñas canta y pasa.

¡Venid todos a ver, qué maravilla!

 

 

 De “Carne de tierra

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NÉSTOR GROPPA

 

Néstor Groppa, el cronista sensible de San Salvador de Jujuy. 1928 - 2011.

Su obra forma parte de lo más entrañable de la cultura argentina. Fue un perseguidor tenaz y obsesivo del paso del tiempo. Supo captar lo popular y transmitirlo líricamente a través de sus crónicas. Sabía mirar su barrio, su gente, los seres queridos y plasmar sus observaciones  en textos poéticos imborrables.

En 1955 fundó en Jujuy, junto a los poetas Jorge Calvetti, Andrés Fidalgo y Mario Busignani y el pintor Medardo Pantoja, la revista Tarja, que marcó un hito en la literatura del Noroeste Argentino. Perteneció a la Academia Argentina de Letras como miembro correspondiente. Recibió, entre otros premios oficiales, el Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía, del año 2007. Prolífico escritor. Testimonio de poesía urbana. Excelente poeta, querido amigo.

 

LA CALLE

 

Hay que andar.

Y andar mucho.

Andando se aprende.

Se aprende a leer la calle.

Desde el pringoso puesto de sándwiches y panchitos.

El carro hechizo con yerbas medicinales de “sierra, mar y Andes”, y su dueño que siempre lee un cuaderno naturista.

Andando se lee en la cara de la gente hacia dónde va.

Qué lleva para su casa.

Interminable es la calle.

Es un libro del que todos los días se escribe una página. Al que todos los días se le agrega una página.

Dicen que la calle también enseña.

Que hay maestros viboreros, y cafeteros, y canasteros y paragüeros y diarieros.

Maestros de arte y oficios imponderables.

Maestros pálidos de magia.

Por eso es linda la  calle, porque no acaba nunca.

Suele llevar nombre de prócer.

Suele vivir en el centro o en las villas con un solo grifo de agua para decenas de familias.

Suele dar a los caminos, que son calles mayores.

Y saben historias de calles. Historias de carritos, de sirvientas, de parejas, de manifestaciones, de barricadas, de perreras, de basurales, de lecheros, y repartidores de gas y gaseosas. También historias de guerras, como aquí la Belgrano, la Alvear, la Sarmiento…

De noche también la calle descansa con su velador esquinero.

Los ángeles se sientan contemplativos en las cornisas, en los umbrales y en los alféizares.

Los negocios duermen.

Descansan los vecinos.

Los minutos corren de una punta a la otra.

Entonces algún perro ladra el irse de las campanadas. Y lo apunta en su libreta de perro.

Ladra, cuenta una historia de esa calle (mal contada, por supuesto).

Y la calle se hace del mismo color del cielo, nada más que con letreros en vez de estrellas.

Entonces, el hombre, amedrentado por tanto mundo mágico, piensa en el mundo, en el hombre de otras calles.

Y siente que la calle lo une.

El corazón antiguo de la calle. Su sin tiempo.

Lo sin techo de la calle.

El paso.

Lo que pasa. Acontece, Sucede.

El estar viendo a la vida caminar como a una persona que entra en alguna parte. Y muere.

Así se suele hermanar el hombre: en la vereda.

De casualidad. Encontrado.

En la vereda todavía múltiple y una.

La vereda, que es la calle de conversar.

 

                        Domingo 23 de mayo de 1971.

                         De Anuarios del tiempo. T. III

 

 

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MARÍA LAURA OYUELA DE PÉMBERTON

 

María Laura Oyuela de Pémberton. Nació en Bs. As en 1913. Vivió en Jujuy, donde hizo su hogar y transcurrió su vida. Murió en 1966. Autora de una plaquette: “Cantos para Jujuy”, “Testimonio lírico, inédito.

En el siguiente poema expresa la poeta con emocionadas palabras el amor que Jujuy supo inspirarle.

 

JUJUY

 

Vine hace veinte años

y saliste a mi encuentro

desplegando en la magia del verano

todo el azul y blanco de tus cerros.

Yo venía del sur, de las llanuras

de don Segundo Sombra y Martín Fierro;

de la ciudad que crece junto al río,

del horizonte abierto.

Sentía- ¿ por qué no?- como  una angustia

por dejar todo aquello,

y una vaga tristeza, inesperada,

socavando la orilla de mi sueños.

Pero tú los borraste para siempre,

toda en blanco y azul,

en tierra y cielo

 

De  “Cantos para Jujuy”, Jujuy, 1962

 

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