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Política

¿Fuego amigo? Robles suma críticas en el gabinete

Desgastado por el fracaso de la venta del ingenio La Esperanza, el ministro de producción perdió consenso incluso entre sus pares, que cuestionan abiertamente sus métodos en temas centrales de la economía provincial. 

“El Tucán quiere vender el ingenio, pero lo quiere vender a su manera”.

La frase – sugestiva - surgida en el seno del palacio gubernamental, en San Martín 450, dejó expuesto el desdén con el que varios funcionarios de los más importantes en el gobierno provincial miran el desempeño del ministro de producción y desarrollo económico, Juan Carlos Abud Robles, conocido por su particular apodo.

Si bien el funcionario - que forma parte del gabinete desde el minuto cero en la gestión que encabeza Gerardo Morales- nunca se caracterizó por reunir un consenso unánime, el traspié que dejó expuesto públicamente al gobierno por el fracaso de la venta del ingenio La Esperanza al grupo colombiano Omega Energy, no hizo más que profundizar el desgaste de su imagen en el círculo rojo local.

Robles fue el responsable máximo del armado de una operación delicada, que requería de trabajo fino y lucidéz para despejar cualquier manto de sospecha sobre una empresa quebrada que ocupa el centro de la escena desde hace dos décadas, es mantenida por todos los contribuyentes y está rodeada de denuncias de corrupción agitadas por este mismo gobierno.

El camino de salida elegido no pareció el mejor. Un grupo empresario rodeado de suspicacias desde que se hizo público su nombre y su origen, no pudo siquiera mostrar un número de cuit, mucho menos convencer de su seriedad a un juez que parece dispuesto a colaborar con la salida del trance, pero no a cualquier costo.

La suma de desprolijidades le terminaron agregando un problema político al económico, que el gobierno pagó caro: de acá en más, cada vez que el oficialismo quiera diferenciarse de sus antecesores esgrimiendo transparencia le recordarán este episodio.

En los pasillos de casa de gobierno hay más de un funcionario que empieza a recomendarle al gobernador que deje de creer “en ese grupito” que manejó el tema, y le piden que recurra a segundas opiniones cada vez que solicite información sobre el expediente de La Esperanza.

Y lo que antes se escuchaba sólo puertas adentro, hoy trasciende en conversaciones de las que participa la prensa, lo que tampoco debe mirarse con ingenuidad.

Sin consenso hacia afuera (El sindicato de La Esperanza pide su renuncia), cada vez menos hacia adentro, la pregunta es qué o quién sostiene al ministro y por qué.

Hasta acá, Morales fue implacable con sus funcionarios cuando las torpezas venían de las segundas líneas, pero gris para tomar decisiones drásticas con su círculo más cercano. Es esperable que actúe de la misma manera con uno de sus hombres de confianza.

Mientras, la venta del ingenio La Esperanza continúa siendo una piedra en el zapato para la actual gestión, y los compradores que siguen en carrera son los mismos que Robles había bendecido.

 

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