Jujuy Al Momento

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El asado de Agrarias

Con el jefe de policía afuera, ¿qué pasará con Bonillo?

La policía pagó caro su exceso en la facultad de Ciencias Agrarias, pero el decano que avaló y hasta justificó el consumo de alcohol y los desmanes en la casa de altos estudios no hizo ni siquiera una autocrítica por el lamentable episodio que avergonzó a todos.

El hilo suele cortarse por lo más delgado. 

El lamentable operativo de la noche previa al feriado largo de semana santa, que irrumpió en la facultad de Ciencias Agrarias violando la ley de educación superior, terminó con la cúpula policial fuera de sus cargos. 

El desempeño de los uniformados no dejaba muchas opciones. Actuaron con torpeza y demostraron su alarmante falta de formación. 

Horas después, los máximos responsables agrandaron el problema mintiendo públicamente en una conferencia de prensa que ellos mismos habían convocado. 

El gobernador Gerardo Morales casi que no tuvo más opciones que repudiar el accionar de su propia fuerza y solidarizarse con los detenidos. El jefe y el subjefe de la policía debieron abandonar sus cargos. 

Sin embargo, la presión pública ejercida desde los ámbitos académicos hizo la vista gorda con la grave falta que originó el lamentable episodio: ni el rector, ni ninguno de los docentes que se apuraron a condenar a la policía, dijeron nada de la insólita denuncia por venta y consumo de alcohol dentro del ámbito universitario. 

Según el ministro de seguridad Ekel Meyer, la policía concurrió al edificio de calle Ítalo Palanca por el llamado al 911 de un empleado de la misma facultad, escandalizado por los disturbios, desmanes y hasta peleas entre estudiantes supuestamente alcoholizados. 

Los vecinos corroboran esta situación y aseguran que pasa seguido: el buffet de Ciencias Agrarias, al parecer, es un quincho habitual para las fiestas universitarias. 

Y para agrandar el malestar de quienes piden que el ámbito universitario no sea corrompido, el decano de la Facultad de Ciencias Agrarias, Mario Bonillo, minimizó el consumo de alcohol asegurando que “no está prohibido” y repitiendo con frescura “quien no se toma una cerveza en un asado”. 

Los mismos académicos que exageraron el episodio, banalizando la trágica noche de los bastones largos al hacer una irrisoria comparación, se callan ante la inconducta de quienes deberían aprovechar mejor la invalorable oportunidad que ofrece una universidad pública y gratuita. 

 

 

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