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Turismo

Pantanal en Brasil, el ecosistema natural más increíble

Es el humedal más grande del planeta y se encuentra en la región del Mato Grosso do Sul, en Brasil. Su inmensidad y riqueza biológica lo convierten en uno de los santuarios naturales más impresionantes.

Es uno de los ecosistemas más inmensos y prístinos del planeta, con una riqueza biológica impactante. El humedal -el más grande del mundo, por cierto- se extiende a través de millones de hectáreas de la región brasileña del Mato Grosso do Sul, y el este de Bolivia y Paraguay. Es una maravilla natural, hogar de una gran diversidad de flora y fauna. Un verdadero santuario primitivo, posee la mayor concentración de fauna de las Américas.

Parte parque nacional y parte sitio protegido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, este humedal tropical cuenta con una extensión de 340.500 km², posee una belleza salvaje única y la mayor concentración de vida silvestre de Sudamérica. A través del río Paraguay, el Pantanal se une a la cuenca del Plata y también se depositan y confluyen allí otros ríos, como los de São Lourenço, Cuiaba o Taquari.

Los visitantes que llegan al lugar, un tanto eclipsado por la fama del Amazonas, se encuentra con una infinita variedad de paisajes, y animales de todos los tipos y colores. Parece imposible que tantas especies cohabiten en el mismo sitio. Hay cerca de 690 especies de aves, 160 de reptiles, casi 300 de peces, 95 de mamíferos, 40 de anfibios… la lista es interminable. Y ni hablar de los insectos, fundamentales para la supervivencia de esta increíble cadena.

Turistas de todo el mundo acuden allí para realizar los ya famosos safaris fotográficos y capturar momentos únicos de la naturaleza en todo su esplendor: yacarés tratando de confundirse con sus alrededores, tucanes posando en las ramas de los árboles, capibaras amamantando a sus crías u osos hormigueros disfrutando del sol.

La mejor época para conocer el Pantanal es, según recomiendan los operadores de turismo de la zona, desde los meses de abril y mayo hasta septiembre u octubre. Una vez que las lluvias disminuyen o se detienen, resulta más fácil navegar o circular por la región. Además de los safaris fotográficos – una de las mayores atracciones de la zona- también resultan atrapantes las actividades relacionadas a la observación de flora y fauna, debido a la variedad y biodiversidad.

Hay varias recomendaciones que los viajeros deben tener en cuenta antes de aventurarse por los húmedos rincones del Pantanal. Un buen equipo es imprescindible: lentes de sol, protector solar, prendas claras y ligeras son importantes para resguardarse del sol y de las altas temperaturas.

Para protegerse de los omnipresentes mosquitos hay que llevar, además de repelente, pantalones y remeras de mangas largas. Un short parece en principio una buena idea por las altas temperaturas, pero lo cierto es que a la larga se convierte en un sufrimiento innecesario. Tampoco pueden faltar las botas de lluvia y un impermeable. El abrigo también es fundamental para la noche.

Para llegar al Pantanal, hay que tomarse un avión hasta Corumbá o Campo Grande. Desde allí, existen varias opciones de compañías que ofrecen tours y hospedaje dentro del mismo Parque Nacional: estadías en cuartos con camas o incluso hamacas, con o sin ventiladores. Hay posibilidades para todos los bolsillos pero, como en cualquier lugar turístico, el regateo es un arma fundamental.

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