Jujuy Al Momento

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costumbres jujeñas

Toreo de la vincha de Casabindo, expresión de Libertad

 

El  toreo de la vincha refleja las ansias de libertad de un pueblo, simbolizado en un joven cacique que se sublevó contra los españoles, Quipildor Tabarcachi..

La idea de Libertad proclamada por José Gabriel Tupác Amaru estaba inserta en el corazón del joven. Idea de Libertad y de Justicia que América reclamaba desde 1492, cuando los nativos empezaron a ser ultrajados, humillados y cruelmente asesinados.

Este toreo se realiza en Jujuy, en Casabindo, localidad en el departamento Cochinoca en la puna, el 15 de agosto para honrar la Asunción de la Virgen María. Desde 1700, hombre y bestia se asocian en un juego donde no se busca la sangre sino una vincha que es un trofeo. 

Se lleva a cabo delante de la iglesia y consiste en quitarle al toro una vincha con monedas de plata. Nada que ver con los toreos cruentos. Demás, toros y toreros son lugareños.

Más allá de la festividad católica están presentes también costumbres ancestrales; se ven Bandas de Sikuris, Baile del Torito, Samilantes, tocadores de Erke, y hasta las ofrendas a la Pachamama.

Claramente, el sincronismo de culturas se perfila en esta ceremonia, no solo en el toreo sino también en la Fe por la Virgen, la Pachamama del norte, a quien se ofrece la vincha.

La leyenda dice que cuando Quipildor cumplió 15 años, su padre le regalo una vincha adornada con quintos de plata traídos de Potosí por haber cazado su primer puma que amenazaba de muerte a su madre y a uno de sus hermanos. Cuando cumplió los 17 años, era un líder auténtico, descendiente de Pedro Quipildor y tataranieto de Tabarca, antiguo jefe de los Cochinocas.

Lo cierto es, que cuando Quipildor es lanzado a los toros recibe un golpe mortal. Muere ante la mirada de todo el pueblo. Hechos que se reflejan en el romance Casabindo de Alberto Alabí.

El escritor se adentra en la historia del toreo personificado en Quipildor Tabarcachi, que ofreció su vida a la Virgen. Verso a verso se apropia de la vida valiente y deseos de Justicia y Libertad del protagonista. Nos expresa la pasión que siente el joven por su fe en principios de Libertad y Justicia, y en la Virgen  María.

 

A continuación, el romance épico lírico Casabindo, pleno de bellas imágenes que tocan la emoción del lector, y un logrado manejo del romance octosílabo.

 

 

Susana Quiroga

 

 

CASABINDO

 

 

Casabindo de los toros

para agosto se engalana,

enflora su sola calle

con sólo una flor lozana

porque no tiene arvejillas

Casabindo ni retamas;

la Virgen de la Asunción

es la única flor que cuaja

y el pueblo quiere lucirla

en el ojal de la plaza.

Todos los quince de agosto

florece una rosa blanca

(brote injertado de amor

que prendió en la Pachamama)

Casabindo de los toros,

fiesta dulce, historia amarga.

Todos los quince de agosto

a la Virgen agasaja

y recuerda a Tabarcachi

que Quipildor se llamaba

o Pantaleón en la lengua

de curas, no de curacas

porque teniendo diez años

con los primeros estaba.

Su padre, que era el cacique,

de pequeño allí lo enviaba

a que tomara la ciencia

de las Escrituras Santas.

Y allí pasó Pantaleón

muchos años de su infancia.

Al cabo, volvió a su tierra

y lo que ve no le agrada

pues los hombres de su pueblo

ya no cultivan, trabajan

los socavones del oro

que presto parte hacia España.

Y lo desborda la furia

y la cólera ya manda

y ya denuncia y ya increpa

y lo acusan y demandan

y Quipildor Tabarcachi

es sentenciado a la plaza

a expiar con los toros bravos

su osadía y pertinacia.

Justo en un quince de agosto,

día de la Virgen Santa,

Quipildor está parado

en el medio de la plaza;

no lleva traje de luces,

no trae capa ni espada;

su montera es una vincha

con soles de plata plata,

ha decidido morir

con los signos de su raza.

Un pérfido mayoral

no soporta tal templanza

y pide que cuatro mozos

acudan a su ordenanza:

le quita vincha y monedas,

corona al toro con ambas,

deja desnudo al valiente

-cree que sin esperanza-

mas con el último aliento

avanza el torero, avanza,

enfrenta a la bestia negra,

que lo mide y no lo ataca

sino que humilla los cuernos

y los detiene a una cuarta

de la mano que se acerca

firme, valiente y pausada

a rescatar decidida

el cetro de entre las astas.

Luego llega hasta la Virgen

que han entronado en la plaza

y se aclaraba la voz

para dejar su plegaria.

Así reza Quipildor,

así dicen que rezaba:

“Señora de la Asunción,

Doncella de las heladas,

Curadora de la hacienda,

Madre y Reina soberana,

a vos te ofrezco estos dones:

vincha, monedas de plata

y humilde vuelvo a tu amor

porque me has salvado el alma”.

Deja a los pies de la imagen

la dote recuperada

y mira a su Salvadora

como se mira a una santa.

La furia del caporal

-jamás debió de olvidarla-

aguija un toro astifino

de pitones como espadas

que se alza en carrera loca,

(viaja la muerte en las guampas)

lleno de ardor y bravura,

cruza furioso la plaza

y moja sus dos puñales

en la espalda arrodillada.

Casabindo de los toros,

fiesta dulce, historia amarga

que cada quince de agosto

evoca, ¡y no lo evocara!

a Quipildor Tabarcachi,

el torero sin espada,

el que con capa de rezos

y con pases de plegarias

por mirar la luz de frente

no vio la sombra a su espalda.

 

 

Alberto Elías Alabí, escritor, profesor universitario, nació en 1959. Publicó: “Bitácora del Aire”, 1995, cuentos; “Manual para ya no Amar tanto la Patria”, 2002 novela; “Traiciones y Fugas”, 2006, cuentos. Obtuvo numerosas distinciones por su obra: Colaborador en publicaciones especializadas en Lingüística y Literatura. Actualmente Rector del Colegio Nacional 1, Teodoro Sánchez de Bustamante.

 

 

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