Jujuy Al Momento

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LETRAS

Poemas elegidos para esta semana

 

Poemas elegidos para esta semana

en las voces de Claudia Villafañe Correa y Pablo Cingolani

 

 

 

CLAUDIA VILLAFAÑE CORREA

 

La escritora salteña, CLAUDIA VILLAFAÑE CORREA, nos hace llegar este poema polifónico por múltiples razones, mencionaremos algunas de ellas: Primero, porque está dedicado a la madre, a su madre, ser irrenunciable que nos da la vida continuamente durante la existencia y también desde la ausencia. Segundo,  porque la enunciación está expresada por un sujeto de pasión conmovido hasta las entrañas por lo que implica el significado de su existencia, memoria de los tiempos. Tercero, porque su lirismo se transforma en tatuaje universal de los corazones ante la imagen proyectada de la propia madre.

La poeta, el sujeto de pasión, mujeres también madres, constituyen reflejo del rostro de la otra madre.

Bello e inefable poema.

 

 

“España y Filipinas" por Juan Luna.

 

 

A MI MADRE

 

“…vuelvo a tu regazo dispuesta a comenzar la vida.

Atravieso el tiempo con todas sus esquinas,

doblando  los recodos de la memoria

y mansamente me atrevo a ser

tu sangre y agua, hueso y carne,

en el caldero amoroso de tu vientre…”

 

 

 

Después de esta larga noche de la madurez,

he decidió encontrarte, madre.

Convertida en la criatura salvaje

que fuera flor y fruta,

vuelvo a tu regazo dispuesta a comenzar la vida.

Atravieso el tiempo con todas sus esquinas,

doblando  los recodos de la memoria

y mansamente me atrevo a ser

tu sangre y agua, hueso y carne,

en el caldero amoroso de tu vientre.

Tus latidos acompasan la burbuja amniótica,

madreperla ambarina de tu mar interior

Soy, pétalo a pétalo,

la flor de tu esencia femenina

 

Madre, que me guardas

como un misterio en el tejido de tu piel,

con tus palabras desenredas la trenza de Rapunzel

 y me lanzas a la vida sin cordones,

sin ahogos ni opresiones.

Abierta como una estrella en el páramo,

me das a luz entre cuchillos.

Un sollozo me lleva hasta tu pecho,

entre cánticos y delicadezas.

 “Leche y miel hay bajo tu lengua”

me murmura tu amor recién nacido

y bebo de tu cuerpo llena de tu sabiduría.

 Así es como mi altura se agiganta

 entre las letanías dominicales

 y la suave modorra de los lunes,

Crezco deslumbrada por el sol de tus ojos,

siempre atentos a mi aletear de colibrí.

y estallo como  mujer,

en un santiamén de tu devocionario.

 

Allí estás, intacta

te veo como un rayo en la distancia,

doblegada de fe a pesar de la angustia.

Mirándome con tus ojos en los míos,

la boca agrandada en la sonrisa

y el rostro luminoso, incandescente.

Allí estas, perfecta,

brillando como una lámpara votiva.

En la angostura del tiempo

vamos reencontrado la ternura,

el olor de la casa, tu aroma.

La cocina fabril del invierno,

y el calor del verano  en tu abanico

Un cepillo de nácar desgastado

 y el polvo de arroz suspendido para siempre,

 en la magia del aire de tu cuarto.

He quitado el cerrojo de todas las ventanas

para soltar las cortinas al viento de la tarde.

 

Las siluetas tardías se impregnan

de una luz crepuscular.

Allí estás, exacta

transitas las ausencias,

como un cristal que irradia al infinito.

Lejos  quedó el tiempo del jardín,

los enojos de mi adolescencia,

el altar de novia huérfana

y las diminutas orquídeas marchitas

en la desmemoria de la enferma.

La niña se ha marchado

y me veo amortajada en esta carne adulta.

Con las manos del amor entre las mías

y toda esa maternidad acongojada,

sostengo a una mujer llorosa,

que es  mi propia Pietat, eternizada

 

Las horas pasan, como años felices

y en este paraíso de tornasoles y aguas frescas,

mi cáliz se rompe al borde de una roca,

en el marasmo de la realidad:

Mi madre ha muerto.

Las cenizas de sus huesos

alimentan los árboles que amaba.

Convertida en madre de mi madre,

sigo el vía crucis de la agonizante.

¿Qué calladas criaturas de las sombras

se revuelven bajo sus párpados?

Atravesada por la espada del dolor,

su carne es piedra y sacrificio.

Sin quejas, sin palabras egoístas

ríe en sueños con la felicidad

del caminante que retorna al hogar.

 

¿Y qué hago ahora, Madre?

¿Con qué rutinas amorosas he de coronar

los días de tu ausencia?

No supe hasta hoy que eras mía.

Ya no beberás mis lágrimas de infante

 ni florecerás con mis ojos adolescentes.

Esta mujer que te evoca, en silencio reza tu plegaria:

“Madre, que estás  en los cielos,

Santificado sea tu nombre.

Purificada  en el estrago final

llévame a ver tu rostro,

para que cruce el portal del tiempo

y volvamos a encontrarnos

redimidas de vida y muerte,

en el suspiro final”

 

 

Claudia Villafañe Correa, escritora, poeta, salteña. Su obra poética reúne textos tematizados, en torno al amor, la vida y la muerte a través de un lenguaje fluido y sugerente. En sus cuentos deja entrever el mundo de los sueños y los miedos. Publicó: Inventario de ausencia (poemas) La doncella del viento (nouvelle) Después del Insomnio, poemario galardonado con el Premio Fondo Editorial.

 

* *

PABLO CINGOLANI

 

"Caminando mis nostalgias" de Alvaro Jaramillo. 

 

Pablo Cingolani, el poeta defensor de la vida,  nos hace llegar este poema que habla del Hombre. Ese hombre que construye su destino, que camina con audacia, valor y energías, en búsqueda de la felicidad.

Caminar atravesando desiertos y montañas, con el rostro bañado por la luz de la esperanza.

Caminar sabiendo que se deja huellas de fe y optimismo, necesarias, para compartirlas con los demás.

Eso, la vida.

 

CAZADOR

“…Danos tu esperanza, cazador…”

 

Dame tu fuerza, cazador

La fuerza que tu tenías para atravesar desiertos y cruzar montañas

Dame tu fuerza, cazador

El vigor de la nieve, el coraje del sol

Dame esa energía

La energía que tu llevabas dentro tuyo y en tus brazos, cazador

Esa verdad electrizante que era tan noble como tu misión

Esa misión que siempre comulgaba con tu destino

Ese destino que acompañaba tus pasos

Esos pasos que labraron una huella, tu huella de dignidad

Tus huellas en la arena, cazador

 

Devuélvenos la fe, cazador

Danos la única de las certezas, la tuya, la que sólo concede la sangre

Y porque somos sangre de tu sangre, vuelve, alza tu mano

Para que te sintamos, para que te veamos, para volver a saberte

A nuestro lado, al lado de la vida, de la tuya, de la que todos nos merecemos

 

Danos tu esperanza, cazador

Esa esperanza que tu atesorabas: esperanza como horizonte

Esperanza como pasión por vivir la vida, por cooperar, por compartirla

Esperanza en lo que acecha, en lo que raspa, en lo que duele

Esperanza que roe y rasga, esperanza… más allá de las heridas

Porque si hay algo que cura, si hay algo que inspira, si hay algo que guía

Es ella

 

Y vos, cazador, vos y tu tenso rostro, vos y tus ojos, vos y tu fuerza

Vos, cazador: vos y tu lanza, vos y tu alma. Vos, sólo vos, y tu flecha.

 

Antaqawa, 3 de agosto de 2019.

 

Pablo Cingolani, escritor, periodista, historiador argentino, defensor de los derechos humanos de los pueblos indígenas. Vive desde 1987 en Bolivia. Formó parte –con Ramón Rocha- de la mítica redacción del quincenario “El Juguete Rabioso”, el periódico político-cultural más influyente de Bolivia entre los años 2000-2006. Publicó, entre otros: Amazonía Blues, Aislados y Nación Culebra. Hallazgo de una serpiente.

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